Los supermercados franceses ya no tiran comida

Cuando hace cuatro años leí ‘Despilfarro’, el ensayo de Tristram Stuart sobre esa extraña costumbre global de tirar comida a la basura, me quedé consternada durante todo el verano. A decir verdad, todavía sigo pensando en la absurda situación a la que todos contribuimos todos los días, la mayoría de las veces sin ni siquiera sentirnos culpables.

Recuerdo que una de las muchas medidas que el autor proponía en el libro para paliar ese escándalo a nivel mundial estaba la aprobación de leyes que obligasen a los supermercados a hacer algo bueno con la comida a punto de caducar (o cercana a la fecha de consumo preferente). Como por ejemplo ponerse de acuerdo con las organizaciones caritativas para que esa comida llegase a tiempo, es decir no caducada, a los que más la necesitaban.

Entonces me pareció una medida sencilla de pensar pero difícil de poner en práctica. Algo que dependía de la buena voluntad de unos, pero ¿cuánto espacio queda para la buena voluntad cuando tu trabajo en un supermercado es vender y no donar? En fin, que nunca pensé que una ley que obligase a los supermercados a donar comida pudiera convertirse en realidad.

Por eso hoy estoy, estamos, de enhorabuena, porque Francia acaba de aprobar definitivamente una ley contra el gaspillage alimentaire (despilfarro de alimentos) que impide a los supermercados con una superficie de más de 400 metros cuadrados tirar o devolver la comida consumible.

Los supermercados tendrán que ponerse de acuerdo con las organizaciones caritativas para que hagan llegar esa comida a quienes más la necesitan o más bien convertir esa comida en alimento para los animales o finalmente compost.

Los supermercados que no cumplieran con estas obligaciones se enfrentarían a multas de hasta 75.000 euros o dos años de reclusión. El objetivo de esta medida es intentar reducir los 8 millones de toneladas de comida que cada año se tiran a la basura.

La ley, que tras ser aprobada en diciembre por la Asamblea Nacional hace dos días consiguió también los votos favorables del Senado, adopta también otras medidas como sanciones para evitar la destrucción voluntaria de los alimentos o la integración del tema de la lucha contra el despilfarro también en las escuelas.

Un bravo por Francia entonces, que cuando hay que decirlo hay que decirlo. Ahora el paso sucesivo es que empecemos a trabajar en medidas parecidas cada uno en su país. Algo que quizá está más cerca de lo que pensamos, puesto que Francia tiene pensado convencer a la Unión Europea a seguir su buen ejemplo. ¡Crucemos los dedos!