A los españoles no les gusta la comida rápida

Rapidez, precios ajustados, horarios flexibles. El éxito de la comida rápida en los últimos treinta años sólo se explica en una sociedad que corre, trabaja y por consecuencia no tiene tiempo para comer, ni mucho menos para cocinar.

Pero, hay un pero. Hay países que corren y trabajan y que sin embargo no demuestran tener un especial apego al fast food. Entre ellos Italia, Australia, Alemania, Reino Unido y, cómo no, España.

Lo dice un informe reciente sobre el gasto en comida rápida realizado por el equipo de investigadores de EAE Business School. El informe se centra en el gasto y el consumo de comida rápida tanto a nivel nacional como autonómico, esforzándose en colocar estos datos también en un contexto internacional.

Según el estudio, en 2014 cada español gastó 42,61€ de media en comida rápida, siendo Cataluña, Andalucía y Madrid las Comunidades Autónomas que más gastaron en comida rápida, con 363, 351 y 319 millones de euros respectivamente.

El consumo total en comida rápida realizado por los españoles siempre en 2014 se sitúa en 1.980 millones de euros. Este dato es el que me parece más interesante porque, a pesar del incremento tanto del gasto como del consumo registrados respecto a 2013, coloca a España entre los países que menos invierten en comida rápida de las principales economías industrializadas, sólo por detrás de Italia.

En sus conclusiones, el informe en cuestión apunta a un claro crecimiento del gasto y de las transacciones en comida rápida en los próximos cuatro-cinco años.

¿Alcanzará España los niveles de consumo de países “enganchadísimos” a la comida rápida como Estados Unidos, China, India, Japón y Brasil? No lo creo. A mi manera de ver, España, como Italia, solucionó hace tiempo el problema de comer barato en poco tiempo. Un pincho de tortilla y una caña no cuestan más o mucho más (a veces, dependiendo del bar, hasta cuestan menos) que un McPollo y una bebida con gas en cualquier cadena de comida rápida. Lo mismo se podría decir de la pizza al corte en Italia, la alternativa más obvia cuando tienes hambre y no tienes tiempo y dinero para invertir en ello.

También creo que tenemos, al igual que otros países, una cultura gastronómica sólida y que, a diferencia que otros países, estamos bastante orgullosos de ella y reacios a reemplazarla por cuestiones de tiempo y dinero.

Aparte y aunque pueda parecer una consideración frívola, estoy convencida de que la comida rápida ha perdido el aura cool que ha conservado durante todos los años 80 y 90. Cuando era adolescente, McDonald’s me parecía lo más. Todavía recuerdo la primera vez que llevé a mis padres a comer en un McDonald’s en el centro de Roma y empecé a decantar las virtudes de esa comida tan sabrosa y barata delante de sus miradas (italianas) desconsoladas.

En cambio, la tapa goza de una eterna juventud. Es más, una de las tendencias más estables del sector gastronómico español en los últimos años ha sido la reinvención del tapeo tanto a nivel de producto (la vanguardia ha reinventado la tapa) como a nivel de entorno: esos mercados gourmet que ofrecen varias alternativas gastronómicas rápidas en el mismo espacio se han convertido en los nuevos templos del tapeo.

Obviamente hay decenas de razones más profundas que explicarían por qué la comida rápida triunfa en unos países mientras sigue arrancando en otros, pero esas son las que a mí me parecen relevantes en países que conozco más o menos bien como España e Italia. Puede que me equivoque y desde luego el dato de Andalucía como una de las Comunidades Autónomas donde más se gasta en comida rápida poco encaja con la sólida tradición del tapeo de esa zona.

Quién sabe, igual es cierto y España en los próximos años gastará más en comida rápida. El informe de EAE Business School relaciona este dato con la recuperación económica en curso, así que por lo menos en este sentido esperemos que sea verdad. Sin embargo no puedo dejar de ser una “hincha” de la comida barata pero lenta, local y auténtica, que respeta producto y productores. De la comida que, excepto el precio ajustado, tiene todo lo que le falta a la comida rápida.