Stop a los atracones. Lo decide una hormona

En estos días se multiplican los artículos y los posts sobre la culpa y las comidas (comilonas) de Navidad. Langostinos vintage, corderos asados, turrones y ríos de vino.

Por un lado, parece, esto es lo normal, lo que toca y diría yo que lo que mola, pero insisten en hacernos sentir culpables por disfrutar de la comida “como si no hubiera un mañana”. Como si por unas pocas veces que nos pasamos, el cuerpo se nos fuera a destrozar y el colesterol se nos fuera a disparar para siempre. No soy una adicta al running, pero supongo que no hay nada que no se pueda solucionar corriendo.

Es más. Acabo de leer que el límite a la cantidad de dulces y alcohol que podemos y queremos ingerir no llegaría ni de lo mucho que nos sentimos en culpa, ni de una voluntad de hierro. No, el stop a los atracones navideños llegaría desde una hormona producida por el hígado.

La hormona en cuestión es la FGF21 y su comportamiento en los ratones ha sido analizado en un estudio estadounidense llevado a cabo por varias universidades y publicado recientemente en la revista Cell Metabolism.

Según este estudio, si se produce en grandes cantidades, la hormona FGF21 sería capaz de echarles un freno a los golosos simplemente entrando en círculación en la sangre y transmitiendo esta información al cerebro.

El descubrimiento, como es fácil de entender, representa un avance en el tratamiento de las personas con sobrepeso o que sufren de diabetes.

Sin embargo, si nos quisiéramos quedar con el aspecto más frívolo y funcional de la noticia, diríamos que ahora tenemos datos suficientes como para liberarnos a partir de este instante de ese absurdo sentido de culpabilidad que acompaña los atracones navideños.

Así que empecemos el año nuevo disfrutando de la comida como nos dé la gana. El cuerpo solito sabrá cuando decir basta.