Se ha caído una estrella en Madrid

Cada año por estas fechas la Guía Michelin reparte las estrellas de su nueva edición entre los mejores restaurantes de España y Portugal. El miércoles pasado lo hizo en Santiago de Compostela y todos estamos bastante de acuerdo en que fue un poco “tacaña” (o más “tacaña” de lo normal, según los detractores habituales).

Ningún restaurante se llevó por primera vez a casa el máximo reconocimiento, las tres estrellas. Ni siquiera el gran proyecto de Andoni Luis Aduriz en Guipúzcoa, Mugaritz, que lleva tiempo detrás de ellas entre la expectación y el apoyo general. Sí hubo dos restaurantes que consiguieron dos estrellas: Coque en Humanes, Madrid, y Zaranda en Mallorca.

El listado de restaurantes que lucen por primera vez una estrella es, menos mal, un poquito más largo e incluye 14 restaurantes. Entre ellos Disfrutar, otro proyecto de los exjefes de cocina de El Bulli Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas y Hoja Santa, el mejicano de Albert Adrià, que ya lucía una respectivamente para Pakta y Tickets. ADN de éxito.

Pero hay una estrella que me alegra especialmente y es la única que este año ha caído en Madrid. Es la que se lleva mi querido restaurante Lúa, tan querido que hasta celebré mi boda allí (éramos pocos y pudimos elegir lo mejor). Cocina cálida y elegante, excelente producto de temporada, el giro que no te esperas en platos tan tradicionales como la sopa de ajo o el cochinillo.

Me enamoré del proyecto del chef gallego Manuel Domínguez desde que tropecé con él en el antiguo local en la calle Zurbano. Ahora Lúa, que significa luna en gallego, ocupa un precioso espacio en el también precioso Paseo de Eduardo Dato, en el barrio de Chamberí.

Sé que la última reforma del local ha trasladado la apuesta por la alta cocina a la planta baja, mientras en la planta de arriba se ha materializado una barra con una carta más informal de raciones y medias raciones para picotear y compartir, ampliando la oferta desde la alta cocina hasta la cocina más tradicional en un mismo espacio.

Así que concediendo la primera estrella a Lúa, la Guía Roja me hace feliz por dos motivos: el primero es porque Manuel y todo su equipo se la venían ganando desde hace años y no hay nadie al que le gusten más los finales felices que a mí. Y el segundo porque con esta elección la Guía Roja demuestra que puede ser un poco “agarrada” pero que últimamente se ha vuelto más moderna y hasta me atrevo a decir que más democrática.

Un restaurante con estrella ya no es (o ya no es sólo) un restaurante para pocos en el que hay que ir de puntillas. Un restaurante con estrella puede ser también un local aparentemente informal, con precios asequibles, en el que te sientes como en casa. Eso sí, el producto tiene que ser excelente y las ideas brillantes. Y Lúa cumple todas estas condiciones. La luna ya tiene su estrella y no es ninguna casualidad.

Imagen: el chef Manuel Domínguez del restaurante Lúa de Madrid