¿Café o té?

El mundo se divide en dos categorías: los que beben té y los que beben café. A mí me gustan los dos, suelo beber café por la mañana (¡ah, bendita sea esa taza de café recién levantada!) y té por la tarde. Sin embargo, tengo que admitir que si me dieran a elegir entre los dos sin apelaciones, un aut aut con todas las letras, escogería sin duda el café. Así que, volvemos a lo mismo, el mundo se divide siempre en dos categorías: los que beben té y los que beben café.

Los que beben té se lo toman con más calma, les gusta tener el tiempo de reflexionar sobre las cosas del mundo mientras las hojas de té colorean lentamente el agua. Les gusta tener la taza calentita entre las manos, soplar con delicadeza, esperar al fin y al cabo. Los que beben café lo hacen para despertarse y despejarse, para tener más energías, para tomarse una pausa, sí, pero mientras su cabeza (y a veces su cuerpo) se desplaza por el mundo a la misma, elevada, velocidad.

El té y el café definen a una persona, es más, a veces definen a un país entero. ¿Hay algo más diferente que un montón de italianos pidiendo café en un bar, cada uno el suyo –espresso, ristretto, macchiato caldo, macchiato freddo y un largo etcétera– y unas ancianas señoras inglesas tomándose su té, a las cinco en punto, a pequeños sorbos y charlando de sus cosas?

ExpressVending es una empresa inglesa que se dedica al aprovisionamiento de máquinas expendedoras. Hace no muchos días publicó en su página web una infografía muy bonita dedicada al té y al café, juntando y comparando su historia, leyendas, anécdotas, hábitos, aspectos económicos y psicológicos de los adeptos a una u otra bebida.

Así descubrimos, por ejemplo, que allá por el 2737 antes de Cristo el viento dejó caer unas hojas de té en el agua que estaba bebiendo el emperador chino Shen Nung y que al emperador le gustó su sabor. Y desde entonces hasta ahora. O que la cantidad de café consumida en Nueva York es 7 veces superior a la de cualquier otra ciudad de Estados Unidos. Que en Suecia es toda una delicia tomar café con el queso Leipäjjusto y que la cantidad de café exportada es más o menos ocho veces superior a la del té. Que el té hace bien a las defensas inmunitarias, a los huesos y a los dientes y el café tiene cero calorías, algunas vitaminas y reduce el riesgo de depresión.

En fin, la batalla entre bebedores de té y de café es y tiene pinta de que seguirá siendo muy reñida. Si queréis tener más argumentos la próxima vez que discutáis con alguien del otro bando, aquí tenéis la infografía entera cortesía de ExpressVending. ¡Feliz día a todos!

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