En Singapur comen más churros que en Valencia

Lo hacemos más o menos todos. Da igual que estemos en un restaurante con unos amigos, en casa cocinando para la familia o en la calle a altas horas de la noche. Desde que existen las redes sociales –y más aún desde que existe Instagram– todos cedemos al impulso de presumir de lo que estamos comiendo.

En los últimos años la comida se ha convertido en una modelo inesperada y sin embargo muy exitosa. Compartir lo que estamos comiendo o lo que vamos a comer dice algo de lo que somos y de cómo vivimos.

Photoworld es una empresa europea que se dedica a la fotografía. Hace unos días lanzó un proyecto muy interesante y divertido, ‘The Food Capitals of Instagram, una web interactiva que ha puesto en orden algo así como 100.000 fotos relacionadas con la comida y subidas a Instagram a través de los hashtags utilizados.

Los mapas de cada plato, además, utilizan un color diferente según su área geográfica de nacimiento: Europa, Asia, Norte América o América Latina.

“La comida es una de las cosas que más se fotografían y se comparten online” explica Beverley Reinemann, responsable de RRPP de Photoworld. “Utilizando la API de Instagram para buscar cuáles eran los hashtags relacionados con la comida más populares en las ciudades del mundo, hemos sido capaces de determinar las capitales de la comida según qué platos: hamburguesas, beicon, burritos, sólo por nombrar algunos”

Así descubrimos que las capitales internacionales de la pizza no están en Italia, sino en Estados Unidos y que la ciudad de nacimiento de este plato, Nápoles, queda sólo tercera. Algo parecido pasa con el macaron francés que cosecha más éxitos en Bangkok, Tailandia, y Seúl, Corea, que en su propia patria de origen.

En algunos casos, la explicación de estas “listas sorpresa” yace en la mayor densidad de población de una ciudad respecto a otra –por simple estadística es probable que haya más gente comiendo pizza en Nueva York que en Nápoles– pero hay que considerar que esas sorpresas sólo se dan cuando el plato es muy global.

Por ejemplo, la poutine, un plato a base de patatas fritas, queso y salsa de carne típico de la gastronomía del Québec, en Canadá, es un plato muy poco global, pues las cuatro ciudades en las que aparece el hashtag #poutine se encuentran todas en Canadá.

En el extremo opuesto se encuentra una de las comidas más globales, el sushi: Tokio presume de este plato mucho menos que Nueva York, Los Angeles, Bangkok y Milán.

Los churros se encuentran en una posición intermedia. Madrid es la capital indiscutida del churro acaparando el 4,5% de todas las fotos protagonizadas por esta comida, pero en Sao Paulo, Singapur y Seúl se comen, o por lo menos, se fotografían, se etiquetan y se comparten muchas más fotos de churros que en Valencia, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Málaga y Valladolid.

Baratos, versátiles y fáciles de pasear por la calle, los churros tienen todas las papeletas para convertirse en una comida global. Quién sabe si dentro de unos años Madrid estará por detrás de Nueva York o Tokio en declarar su amor incondicional por este plato.