Obama dice no a los guisantes en el guacamole

Hace dos años un anuncio de una popular marca de cerveza incendió el verano por su peculiar versión de la paella. En aquella ocasión, la mezcla de cebolla, carne y marisco provocó una auténtica cruzada de puristas de la paella que convirtieron Twitter en un campo de batalla virtual. En Italia pasó lo mismo cuando uno de los cocineros más famosos y mediáticos afirmó que echaba ajo a la salsa amatriciana, un intocable de la cocina tradicional del Bel Paese.

Las personas, los pueblos, invertimos en la comida todo lo que somos. Por eso, si alguien nos toca un plato con el que hemos crecido y, mejor aún, con el que millones de personas a nuestro alrededor han crecido es fácil que los ánimos se calienten.

Eso mismo pasó ayer en Estados Unidos tras la epifanía de un guacamole con guisantes en el New York Times. El mejor periódico del mundo versus la cocina mejicana tradicional. Dos pesos pesados, cada uno en lo suyo, en el centro de una polémica en la que el mismísimo Presidente Obama tomó partido desde su cuenta personal de Twitter.

“Respeto al New York Times, pero no comparto lo de los guisantes en el guacamole. Cebolla, ajo, pimientos. Clásico”. Jeb Bush, hermano pequeño de George W. Bush y nuevo Bush aspirante a la Casa Blanca, también se unió a la cruzada guacamoliana tomando firme partido en contra de los guisantes.

Lo del ajo de la receta "clásica" de Obama me suena menos, la verdad. Sí sé que hay tantas versiones del guacamole como personas. Aguacate, cilantro, lima, tomate, cebolla, chiles, sal. El mejor guacamole que he comido jamás es el del restaurante mejicano Punto MX, uno de los lujos gastronómicos de Madrid, que, por ejemplo, no lleva tomate y se elabora directamente delante y al gusto del cliente.

Sin embargo los guisantes no tienen cabida en la elaboración del guacamole, ni siquiera si, como explica la periodista del NYT en el texto de la polémica receta, aportan una textura crujiente al plato y ayudan a que la salsa siga bien verde.

La polémica del guacamole es una simple anécdota si queremos que lo sea. Lo más interesante de este asunto no son ni los guisantes, ni Obama, ni Bush, sino la intensidad sociocultural de la comida y su tendencia natural a crear “conflictos”.

Aquí hay un plato tradicional en el que cabe el corazón entero de un país, dos políticos listos que, aunque no lo parezca, no hablan de comida sino que hablan a una franja del electorado a través de la comida y un auditorio infinito capaz de convertir un conflicto local en global en tan solo unas horas.

Es previsible que la polémica se calmará en unos días pero sólo después de haber demostrado una vez más que la comida no es cosa de mezclar ingredientes, sino de historia, cultura y hasta política. Los guisantes son un pretexto.

 

Imagen: el guacamole del restaurante PuntoMX