¿Qué cocino (o no) para la 'Hora del Planeta'?

Este fin de semana hay que estar pendiente del reloj. Y no sólo porque esta noche vuelve el horario estival, sino porque a las 20.30 hay que apagar luces y todo cachivache que requiera electricidad para funcionar y volver a encenderlo todo pasada una hora. El objetivo es el mismo: ahorrar energía y cuidar de nuestro maltrecho planeta. Casi nada.

No sé si con un niño pequeño en casa este año podré sumarme al 100% a la Hora del Planeta –la campaña promocionada por WWF que desde hace 8 años pretende sensibilizar sobre el ahorro energético– pero sí intentaré reducir al máximo la actividad (normalmente frenética a esa hora) en mi cocina.

Con este fin, me he puesto a bucear entre mis libros de recetas en busca de algunas ideas. En el libro Jerusalén. Crisol de las cocinas del mundo, de Yotam Ottolenghi y Sami Tamimi, hay una magnífica receta de tabulé, esa ensalada de perejil y trigo bulgur típica de la cocina de Oriente Medio. Además, el tabulé sabe mucho mejor cuanto más se deja reposar, así que aparte de ahorrar energía, esta noche ahorraríamos tiempo y desorden.

También podría preparar un clásico tartar de carne de buey o de pescado. Una ensalada, por supuesto, es la elección ideal para una cena que quiera prescindir de la electricidad: en el libro del que hablé hace algunas semanas, Salad Love, hay muchas recetas crudívoras.

La salsa mayonesa también es una salsa “cruda”: huevo, aceite, limón y sal. Mi tío, que es cocinero, preparaba una mayonesa estupenda: ligera, sedosa. Cuando era pequeña eso de que la mayonesa no saliera de un bote (y no supiera a bote) me parecía pura magia.

Obviamente son sólo algunas propuestas. Está claro que podemos preparar lo que sea antes de las 20.30 y comerlo durante la hora del planeta, pero la cuestión es demostrar que desde la cocina también se puede ahorrar energía, que cocinar hizo al hombre pero que de vez en cuando podemos cocinar prescindiendo del fuego.

La elección de alimentarse a base de alimentos no cocinados va también en este sentido y eventos como el Cook It Raw –en el que los mejores cocineros del mundo se enfrentan al reto de recolectar las materias primas y cocinar sin ningún tipo de fuente de energía– sirven para demostrar que para comer no hay que comerse el planeta.

Think Green se llamaba un plato a base de hongos y verduras crudas que comí en el triestrellado restaurante de Massimo Bottura Osteria Francescana. Ese plato que me dejó descolocada y sigo recordándolo como una de las peores experiencias gastronómicas de mi vida, pero me hizo reflexionar sobre la opción de comer reduciendo al mínimo el gasto energético.

Un cambio, aunque sea puntual, en nuestros hábitos alimenticios es clave para la solución de los problemas que aquejan el planeta. Reducir el desperdicio, aligerar la demanda de comida a nivel global, ampliar el acceso a la comida y reducir el gasto energético a la hora de cultivar, recolectar, comercializar y cocinar las materias primas son retos enormes que sin embargo podemos empezar a perseguir en nuestras cocinas.

Apagar los fogones, acallar el microondas, dejar tranquila la minipimer esta noche, durante una hora, es un gesto importante. Y hasta nos deja con el estómago contento.

 

Imagen: Ensalada de setas enoki, aguacate y alubias germinadas desde el libro Salad Love de David Bez, Salamandra Fun&Food