¿Qué hay en la nevera de los cocineros?

A Joan Roca le pierden los embutidos y al parecer comparte esta pasión con Juan Mari Arzak. Hay días en los que Quique Dacosta mataría por un plato de alcachofas. Paco Roncero tiene una debilidad por los helados y los platos de cuchara y a Ferran Adrià no le gusta la pasta.

A los que escribimos de gastronomía nos encanta curiosear en la despensa o en la nevera de los cocineros. La prueba es que hay más reportajes sobre el día a día gastronómico de los “top chefs” que estrellas en el universo.
Sabemos que es bastante plausible que no coman lo que sirven en sus restaurantes todos los días, pero entonces ¿qué comen aquellos cuyo oficio es dar de comer a los demás?

Varias veces, durante una entrevista, me he topado con un hecho bastante desconcertante, por lo menos a primera vista: muchos cocineros ni siquiera cocinan en casa. Digo a primera vista porque, pensándolo bien, después de tantas horas metidos entre fogones, tiene sentido que cuando paran por casa no tengan ganas de cocinar.

Por otro lado, los que sí cocinan optan por los platos sencillos y la cocina tradicional y si se ponen más creativos lo hacen para que sus hijos aprendan a comer (el gran reto de todos los padres, los que son cocineros y los que no lo son).

Magda Carlas es médico experta en nutrición y desde hace años colabora con diversas cabeceras abordando los temas de la alimentación y la gastronomía desde un punto de vista médico. Es autora de catorce libros, el último de los cuales, El chef en casa se mete literalmente en la nevera de once cocineros con estrellaCarme Ruscalleda, Martín Berasategui, Joan Roca, Ferran Adrià, Juan Mari Arzak, Paco Roncero, Jordi Cruz, Ramon Freixa, Sergio y Javier Torres, Quique Dacosta, Pedro Subijana– para descubrir cómo comen en el día a día.

Cada capítulo del libro está compuesto por un perfil del cocinero, unos apuntes sobre su dieta y su nevera, un esquema de su dieta semanal, trucos, recetas y un comentario médico en el que, entre otras cosas, se aclaran temas como el aporte calórico del aceite de oliva (¡o de un gin tonic!) o la intolerancia a la lactosa.

No se trata de un recopilatorio de cotilleos gastronómicos. Aparte de ser expertos en manejar sabores, vitaminas, proteínas y demás, los cocineros ya son figuras públicas y mediáticas. Lo que hacen ellos en la cocina importa porque puede darnos algunas pistas sobre cómo comer bien sin renunciar al sabor.

Un libro-prisma que aborda con claridad, sencillez y rigor temas que podrían ayudarnos a corregir el rumbo de nuestra alimentación de todos los días. A comer mejor, en definitiva. Quizás no como un chef con estrella, pero casi.