¡Devolvednos los platos!

Le he oído decir en varias ocasiones a Ferran Adrià que se podría montar una exposición sólo con las vajillas de elBulli. Nunca estuve allí, pero creo que no es para menos.

La revolución tecnoemocional (la que se sigue llamando erróneamente molecular) no se podría entender sin sus vajillas. Platos que dejan de ser cuadrados o simplemente dejan de ser. Tenedores que dejan el paso a los palillos o directamente a las manos. La vanguardia reventó la comida y luego todo lo que había a su alrededor. Y la cosa coló.

Puede que ahora te vayas a una hamburguesería a comerte una hamburguesa normal, sin mucha fantasía, sin texturas por inventar, pero servida en un plato cuya forma no has visto en tu vida. La hamburguesa se queda en segundo plano, pero la vajilla se convierte en un recuerdo imborrable.

Hartos de tantos platos rectangulares, boles, pizarras, cucuruchos, cazuelitas, tablas de madera y manteles, los más de 15 mil seguidores de la cuenta de Twitter ‘We Want Plates‘ expresan cada día su malhumor por la invasión en los restaurantes de soluciones alternativas a los platos de toda la vida.

Algunos testigos son hilarantes: desde el plato-reloj de mimbre hasta la raqueta de pimpón pasando por marcos de fotos, gorros y hasta zapatos. Ningún establecimiento está a salvo: los restaurantes que lucen estrellas Michelin están en el punto de mira tanto como los demás restaurantes, aunque son éstos los que se llevan la peor parte. Una cosa es servir una comida revolucionaria en una vajilla revolucionaria y otra cosa bien diferente es servir unas patatas fritas en un minicarro de la compra.

La cuenta viene cargada de ironía y no tiene nada de nostálgico o casposo: los que suben fotos no anhelan los platos de toda la vida, los platos de antes de que a los restaurantes de vanguardia se les ocurriera reventar los cimientos de la alta cocina a principios de los 90.

El blanco de esta cruzada virtual parecen ser más bien los restaurantes de comida “normal” que se vuelven locos con las vajillas, víctimas de una vanguardia mal interpretada, receptores de una sopa ya un poco fría.

No quiero darle mucha más importancia de la que tiene, pero el fenómeno We Want Plates deja claro que la vanguardia ya ha llegado a todo, pero todo, el mundo y empezamos a estar hartos de lo que queda de ella. Y cuando esto pasa, ya se sabe, las cosas están listas para una nueva revolución. Así que aquí la esperamos, adelantándonos a la nueva tendencia comiendo una ensalada en un plato normal y corriente.