Atracones navideños (y demás atracones)

Último sábado antes de Navidad. En el horizonte, los veo avanzar claramente, turrones, bombones, roscones con chocolate caliente y en mi caso, que estoy a punto de irme a Italia, pandori, panettoni, dulces de miel y demás.

No debería hacer alarde de ello, pero creo que soy adicta a lo dulce: para mí nunca hay suficiente azúcar en el café, no puedo con los postres sosos que de vez en cuando me persiguen en algún restaurante con pretensiones y cuando estoy un poco baja, ahí está mi caja de barritas de chocolate con leche de toda la vida.

Normalmente, quizá porque nos han enseñado a mirar con sospecha cualquier fuente de placer o porque tenemos miedo a que un mordisco dulce se convierta en seguida en unos cuantos michelines, el sentido de culpabilidad suele ser la otra cara de los atracones dulces.

¿Y si os dijera que ya no hay que sentirse en culpa? ¿Que algunos científicos ingleses (¡Benditos sean!) acaban de descubrir que es un enzima en nuestro cerebro el que nos empuja a comer dulces y otras comidas ricas en glucosa? ¿A que de repente nos sentiríamos mucho mejor, confiados y listos para los atracones navideños que aguardan detrás de la esquina de este fin de semana?

No es gula, es glucoquinasa

El estudio en cuestión ha sido publicado recientemente por el Biotechnology and Biological Ciencie Research Council en el Journal of Clinical Investigation y arroja luz sobre el mecanismo que nos atrae hacia la comida rica en glucosa como los dulces y los farináceos.

Al parecer, la enzima glucoquinasa es la que se encarga de dar la voz de alarma cuando nuestro organismo se encuentra necesitado de glucosa, que es un poco la gasolina del cuerpo. El cerebro recibe la noticia y la trasmite al cuerpo. Y el cuerpo va directo a la cocina en busca de chocolate.

La otra cara de este descubrimiento es que si acalláramos las peticiones de la glucoquinasa nada más sentarnos a la mesa comiendo, yo qué sé, un pastelito con crema o un plato de pasta, evitaríamos comer muchas más cosas después para alcanzar el nivel de glucosa que necesitásemos. Y esto representaría un recurso en la lucha contra la obesidad.

Hay que admitir que noticias así, rigurosas como sólo las noticias científicas pueden ser, son un verdadero regalo para los que se ponen a régimen antes y después de las fiestas para capear las comilonas navideñas.

Así que, adelante, recibamos agradecidos este regalo y naveguemos sin preocupaciones hacia los atracones navideños. No es gula, es glucoquinasa.

Imagen: Freepik.com