Cómo te cambia la vida una estrella Michelin

Este miércoles 19 de noviembre la guía Michelin presentará en Marbella su edición 2015 para España y Portugal. Aunque algunos compañeros opinan que no habrá muchos cambios “para bien”, es decir, que no habrá muchas nuevas estrellas, el evento trae consigo como siempre mucha expectación. Y ahora mismo la fiebre llega casi a 38.

Y no es para menos. En algo más de un siglo de vida, la “Guía Roja” ha pasado de ser una gastrohoja de ruta (francesa) para foodies motorizados a a la barra platino e iridio de la gastronomía (internacional).

De hecho, por mucho que en la última década le haya salido un temible competidor, la lista 50 Best Restaurants in the World, publicada por la revista británica Restaurant Magazine, la Michelin sigue siendo la Michelin. Ganar el Mundial de Fútbol te regala la gloria pero puede que sea el fruto de una buena racha. En cambio, ganar la Liga es el resultado de un año de duro trabajo.

Una estrella

Por eso ganar una estrella te cambia la vida. Para algunos cocineros, una estrella significa ubicarse en el mapa gastronómico nacional e internacional. Algo así como “Aquí estoy yo y mi cocina bien se merece una parada”. Una parada, porque ya saben que ser profeta en tu tierra es bastante difícil.

Cuando hace algunos años fui a visitar a Ángel León, chef y creador de Aponiente, una estrella Michelin, me explicó que muchos de sus paisanos de El Puerto de Santa María ni siquiera sabían dónde estaba su restaurante. El mismo restaurante que salía en el New York Times.

Dos estrellas

Si la primera estrella te abre las puertas del Paraíso, la segunda puede condenarte al Limbo. Técnicamente, una calificación de dos estrellas Michelin equivale a “excelente cocina, vale la pena desviarse”, una casi perfección en la que a veces es difícil reconocer las mejorías. O tal vez son esos inspectores que por algún motivo no las quieren ver.

Tanto los hermanos Roca como Quique Dacosta tardaron años en pasar de dos a tres estrellas, a pesar de que rebosaban perfección según muchos. Este año, como cada año, la prensa nacional arropa a Mugaritz, el restaurante de Rentería capitaneado por Andoni Luis Aduriz, bloqueado en su segunda estrella mientras lidera la vanguardia culinaria y la susodicha lista de los 50 mejores restaurantes del mundo. Dan ganas de cambiarse de país.

Tres estrellas

Sí, porque será casualidad, pero la tercera estrella significa sobre todo un buen motivo para quedarse. Tanto Massimo Bottura, chef de Osteria Francescana, en Módena, Italia, como David Muñoz, chef de DiverXO estuvieron a punto de cambiarse de país antes de capturar su tercera estrella.

Massimo Bottura debido a la cruzada de desinformación del telediario satírico Striscia la notizia, que durante algunos penosos meses le convirtió en nada menos que un envenenador y David Muñoz porque a ese no hay quien le tenga quieto.

La última vez que hablé con él tenía las maletas hechas, quería trasladar su joya diverXA a Nueva York. Le pregunté si estaba seguro y me dijo que sí. Aunque, a lo mejor, si le concedían el jardín al lado de su restaurante en la calle Pensamiento, donde estuvo DiverXO hasta hace poco, o la tercera estrella, se lo pensaría.

Y aquí le tenemos ahora, liándola en su nuevo local de Madrid. ¡Bendita sea la tercera estrella!

Y pensándolo bien, benditas sean todas las estrellas, porque no le cambian la vida sólo a los cocineros, sino también a los que a acudimos a sus restaurantes. Gusten o no, las estrellas Michelin hacen más fácil y más agradable recorrer la galaxia gastronómica. Por eso, en el tiempo que he tardado en escribir este post, la fiebre ha subido a 38. Y me temo que no bajará hasta el miércoles.