Dos cosas que trae y dos que se lleva este verano

La semana pasada leí un post muy interesante sobre el cierre de la cadena estadounidense Crumbs y el eclipse al parecer definitivo de los cupcakes. Siempre he pensado que el verano es un buen momento para hacer balances. En septiembre ya solemos ponernos a pensar en la Navidad, los Roscones y los propósitos de año nuevo.

Así que me pregunto si este verano se va a llevar más cosas.

El gin tonic

Ya van unos cuantos años que profesionales y aficionados a la coctelería improvisan sobre el mismo tema hasta el aburrimiento. Este verano, creo y espero, el gin tonic se despide de las portadas de libros y revistas, masterclasses, aromas, especias y filosofías hechas a medida. Está claro que no hablo del gin tonic en sí – ¿qué haríamos sin él? – sino de la hiperpresencia mediática del gin tonic.

Pastelería “mona”

Después de un verano (el pasado) de fuego, éste se va a llevar la subespecie alcohólica y de muy buen ver de los polos de toda la vida, los poptails (un blend entre popsicle y cocktails)  y ya que estamos hablando de pastelería “mona” creo que podemos decirles adiós también a los cake pops (minitartas en forma de chupachups).

Picnic sin improvisación

Por otro lado, hay costumbres veraniegas impepinables, las que ningún verano se va a llevar nunca por delante: los helados, las sopas frías, las terrazas y los tuppers bajo la sombrilla.

Algunas de ellas se hacen con recursos cada vez más sofisticados. Igual me equivoco, pero últimamente muchas energías creativas se concentran en el picnic.

Hay libros de recetas monográficos de publicación reciente que amplían casi hasta el infinito las posibilidades gastronómicas de las meriendas al aire libre e inventos de esos que te hacen pensar ¡Lo quiero ya! aunque odies los árboles y los bichos. Me refiero, por ejemplo, a este bolsito de neopreno chulísimo que mantiene frescos los alimentos y contiene todo lo necesario para que tu picnic roce la perfección. Sólo le faltan chubasqueros en el caso de que llueva. ¡Adiós improvisación!

Mudanzas de estrellas

Si escribes de gastronomía el verano no empieza en junio, empieza mucho antes y precisamente cuando tu buzón se llena de mails que siempre tienen en el asunto estas cuatro palabras: SON-PARA-EL-VERANO.

Cócteles, gazpachos, cocidos madrileños, manitas de cerdo, té caliente, da igual. Todo, si quieres, es “para el verano”.

En medio de tanta confusión – en mi correo, que en la vida real a nadie se le ocurriría comerse un cocido bajo el sol de las cuatro – y de tanta retórica, hay una buena (en los dos sentidos) noticia que sí es para este verano y es que cuatro de los mejores cocineros españoles están en pleno proceso de mudanza emocional y creativa. Y con las mudanzas, se sabe, el talento se enriquece.

Tras el cierre del Hotel Ferrero, Paco Morales abrirá en su Córdoba natal un restaurante que quiere arrojar luz (no por nada se llamará Noor, luz) sobre las raíces mestizas de la cocina andaluza.

David Muñoz, “cabeza” de Diverxo, acaba de trasladar sus flamantes tres estrellas Michelin desde la calle Pensamiento, en el barrio de Tetuán, al Hotel NH Eurobuilding, en Padre Damián.

Diego Guerrero lleva unas semanas calentando fogones en DSTAgE, un nuevo espacio gastronómico donde pretende practicar una “alta cocina sin corsés”, concepto que ya venía saboreando desde sus tiempos en el Club Allard y umi favorito en absoluto, Ángel León, chef de Aponiente en El Puerto de Santa María, en otoño desembarcará (nunca mejor dicho) con su asombrosa cocina de mar en el Hotel Mandarín Oriental de Barcelona, mientras sigue trabajando en el traslado de su restaurante a un antiguo almacén de sal.

Esta segunda mitad de año promete, ¿a que sí?