Psicología del sabor

Existe una relación estrecha entre el color y el gusto. A las verduras las llamamos así por su color, en el mercado sabemos escoger las fruta más madura sin necesidad de tocarla y probaríamos sin rechistar una sopa de color anaranjado mientras huiríamos de ella si fuera de un azul-verde como la que prepara Bridget Jones el día de su cumpleaños (para los pocos que no hayan visto la película, Bridget Jones no es exactamente una buena cocinera).

El color del pan

A menos que no nos pongamos muy locos con los ingredientes, la gama del color del pan va del blanco – el color de la depuración de un producto natural (el trigo, por ejemplo) según se lee en el ensayo Psicología del color de Eva Heller – al marrón, el color más fuerte, más redondo, el color de lo cocinado o, en este caso, horneado. Como mucho amarillo, si está hecho, por ejemplo, con harina de maíz.

Si tuviera un color que considerásemos “sospechoso”, antes de probarlo probablemente querríamos conocer uno por uno sus ingredientes.

Con el pan no se juega’ es un proyecto fotográfico muy potente desde el punto de vista visual y al mismo tiempo capaz de ofrecer un buen ejemplo de la conexión que existe entre color, psicología y gusto. La serie es un trabajo a ocho manos de Fabienne Plangger – diseñadora alemana afincada en Barcelona – y de sus compañeros David Reiner, Sebastian Hierner y Karin Stöckl.

Viaje al centro de un supermercado

Cada una de las secuencias está repleta de comida apetecible: todo está en su sitio, es decir, todo tiene el color que tiene que tener. Lo único que cambia de color en función de la comida que le rodea es el pan. Rojo, verde, azul. Bastan unas gotas de colorante para que el pan se convierta en el elemento que no encaja: el único alimento que muy probablemente no probaríamos.

“No hay ningún criterio gastronómico detrás de estas fotos” explica Fabienne Plangger. “Lo que queríamos era cambiar el aspecto más convencional del pan, romper su apariencia normal y confundir al consumidor. Separar este desayuno en base al color tiene tanto una motivación estética como provocativa”.

No es ninguna casualidad que los que más juegan con la relación entre color y sabor son los expertos en marketing. Una bebida refrescante o un producto ecológico no apostará por los mismos colores que una tableta de chocolate o una golosina, a menos que no quiera, eso, confundir al consumidor. Y perder dinero.

Haced la prueba la próxima vez que vayáis al supermercado. Esto de que la comida entra también por los ojos va mucho más allá de un emplatado bonito en un restaurante o un programa de televisión. Es pura psicología.