¿Los restaurantes saben encajar las críticas negativas?

Hubo un tiempo en el que tener un blog de gastronomía era el sueño soñado de todos los aficionados a los restaurantes y alrededores. Pero el viento ha cambiado: ahora ser un gastroblogger se ha convertido en un oficio de riesgo.

Y no porque tienes que patearte la ciudad bajo el sol y la lluvia en busca de nuevos restaurantes o probar toda la carta aunque no tengas hambre o fotografiarla antes de probarla aunque sí la tengas. No. Desde hace unos días ser gastroblogger se ha convertido en un oficio de riesgo porque te pueden multar por expresar tu opinión. Sí, como lo oís.

La pizza de la discordia

Es noticia reciente que un tribunal de Burdeos ha condenado a la blogger francesa Caroline Doudet, autora del blog de estilo de vida 'Cultur’elle', por una crítica negativa que remonta al verano pasado y que tenía como objeto (o como blanco) la pizzería 'Il Giardino' de Cap Ferret (ya el nombre da miedo, no me quiero ni imaginar sus pizzas).

El importe de la multa ronda los 1.500 euros más 1.000 euros de gastos judiciales. No he leído la sentencia pero confío en que el juez que está detrás de ella haya establecido una clara e inequívoca correlación entre la crítica negativa – que al parecer sumaba sólo medio centenar de visitas – y la baja afluencia de clientes a la pizzería.

La noticia de la citación al juicio pillaba por sorpresa a Doudet que buscaba la ayuda urgente de un abogado a través de su Twitter a la vez que agradecía el apoyo de sus seguidores. Y no es para menos: aquí lo que está en peligro es la mismísima libertad de expresión. Vale, que sólo son unas pizzas, pero también el té que los colonos americanos lanzaron al mar en Boston sólo era té y mira lo que pasó.

Comentarios sin dueño

Este suceso me plantea una serie de dudas. En concreto, me pregunto si los restaurantes están preparados para encajar críticas negativas. Por un lado creo que no lo están como no lo está nadie, es decir, hay una falta de predisposición genética, por el otro, en los últimos años han pasado unas cuantas cosas que han empeorado esta actitud.

Internet, la crítica gastronómica dospuntocero, la democratización de las opiniones sobre los restaurantes supusieron un cambio radical tanto en el sector periodístico como en el hostelero. No-voy-a-hablar-de-ello-porque-es-un-tema-muy-gastado pero todos estos fenómenos (que son BIEN) arrastran un lado oscuro: los comentarios anónimos y a menudo sin fundamento alguno.

Luego están los comentarios mercenarios como los que hicieron explotar en Italia el escándalo del portal de opiniones sobre hoteles y restaurantes Tripadvisor: comentarios positivos a cambio de dinero y si no, ya sabes, críticas a saco.

Un poco de autocrítica

En el extremo opuesto están los supuestos controladores, periodistas y bloggers. En el tiempo que llevo en este oficio he leído muy pocas críticas negativas y si las he leído eran de las del párrafo anterior. Mucho porque se lo merecen y un poco porque juegan el mismo bando que la prensa, los cocineros se han acostumbrado a las críticas positivas o directamente a los halagos.

Que quede claro que la mía no es una crítica, es una autocrítica, que nace a raíz de unas preguntas cuyas respuestas podrían influir no digo sobre la democracia mundial, pero pero lo menos sobre el bienestar gastronómico de cada uno de nosotros. ¿Por qué un restaurante se cree con derecho a demandar a una blogger por expresar su opinión y un juez a condenarla? ¿Acaso las opiniones sobre los restaurantes son opiniones de segunda que pueden ser sacrificadas para salvar las cuentas sin que ni siquiera nos preocupemos de esa cosa llamada libertad de expresión?

Desde luego yo no lo creo, pero algo habrá pasado para que más de uno se sienta en derecho de discrepar.