El encanto de un buen vaso de café

No soy una asidua de Starbucks. Como buena italiana que soy, el café me lo hago en casa con mi moka o como mucho me tomo un espresso en un bar (por eso no hay Starbucks en Italia, pero esa es otra historia).

Sin embargo, tengo que admitir que lo de poner el nombre del cliente en su vaso de café siempre me ha gustado, pues hace que el café que te vas a beber sea menos impersonal, como si de verdad estuvieras en tu casa y ese fuera tu café y de nadie más.

Café-complemento

No sé si es culpa de esta brillante ocurrencia de Starbucks o más bien de una versión soft de imperialismo cultural estadounidense, pero cada vez veo a más gente en la calle abrazada a su vaso de café como si de una mascota o de un bolso de moda se tratara. Nos hemos encariñado con nuestros vasos de café.

El fotógrafo neozelandés Henry Hargreaves también es un apasionado de los vasos de café. Es más, le gustan tanto que desde hace un año fotografía casi todos los que se cruza en diferentes rincones del mundo y luego los sube al Tumblr Coffee Cups of the World. La “pose” es siempre la misma en cada disparo: un solo vaso en el centro y detrás un café que podría ser cualquier café.

Forma por encima del contenido

“Para mí un vaso de café es como la portada de un libro: es lo que ves cuando no sabes lo que hay dentro. Cuando tengo delante un buen" (es decir, bien diseñado) "vaso de café quiero beberme lo que le echan dentro” cuenta Henry Hargreaves.

“Empecé con este proyecto hace un año. Ir a tomar un café siempre ha sido para mí un ritual y poco a poco empecé a notar cómo los vasos adquirían vida propia. Creo que el vaso es parte integral de la experiencia y demasiado a menudo lo pasamos por alto”.

Ilustrados, “tatuados”, minimal, heavy, de papel reciclado, blancos, negros, más o menos elocuentes. Es cierto, los vasos de café no son todos iguales y algunos casi que se merecen hacerse con el estatus de complemento. El armario en vez de la basura como destino final.

“Para mí un buen vaso de café es el que te hace sentir orgulloso de tenerlo en la mano y te hace querer guardarlo en vez de tirarlo” afirma Hargreaves. “Los de Five Leaves y Happy Bones en Nueva York, el de Market Lane en Melbourne, el de Lina's en París son algunos de sus favoritos. "Y cualquiera que me guste: ¡si el vaso es feo no va a salir en el blog!”.