¿Qué tienen en común el fútbol y la gastronomía?

Llegó el momento: ayer arrancó el Mundial de Brasil y hoy le toca estrenarse a La Roja. Faltan unas horas y habrá que matar el gusanillo o los gusanillos en aquellas casas como la mía que tienen el corazón partido entre dos equipos.

Patatas fritas, pinchos de tortilla, pizza, jamón. Todo vale con tal de no tener que levantarse del sofá. Los partidos de fútbol por su propia naturaleza implican cierta cantidad de comida. Pero, ¿estamos seguros de que las coincidencias entre el fútbol y la gastronomía se limitan al sagrado picoteo durante los 90 minutos?

Restaurantes llenos, restaurantes vacíos

Dada su intensa vida social, los restaurantes son para los futbolistas una especie de segunda casa. Acuden a ellos con mucha frecuencia, eso sí, con alguna que otra precaución debido a su estado de superestrellas: reservas simultáneas en más locales para despistar a los paparazzi y mesas en la zona VIP.

Quizá porque están familiarizados con el ambiente, muchos de ellos acaban dando el salto al mundo de la hostelería: el jugador blaugrana Dani Alves se ha embarcado, junto con su chef personal João Alcantara y otra socia, en un proyecto de un restaurante de comida japo-brasileña a domicilio.

Andrés Iniesta, por su parte, tiene vinos propios que se elaboran en las bodegas que llevan su apellido ubicadas, cómo no, en Fuentealbilla, el pueblo donde nació. Por cierto, Iniesta también presta su imagen a una marca de helados.

Los que están en el otro bando, los cocineros, se dividen en dos categorías: los que ponen en su restaurante una megapantalla y los que no. Los segundos le tienen más miedo a un partido (partidazo más bien, que no todos valen) de fútbol que a la mismísima muerte. Hasta los restaurantes con lista de espera pueden quedarse con las mesas vacías si en la misma noche hay una final de Copa.

Naranjas y plátanos

Como italiana tengo el Mundial del 82 grabado en la memoria genética, crecí con ese grito de Tardelli y la imagen del mejor Presidente que hayamos tenido jamás exultando en las gradas del Bernabéu. Lo que no sabía cuando llegué a España es que la mascota de ese Mundial era una naranja. Simple y rechoncha, pero desde luego mucho más agradable de ver en un campo de fútbol que un plátano.

Y a propósito de Italia: en el vuelo a Brasil ese delantero del que me espero muchas cosas llamado Balotelli bromeaba con la tripulación yendo en busca de saladitos, mientras el ex-azzurro Gennaro Gattuso recientemente ha estado sirviendo hamburguesas en una conocida cadena de comida rápida.

Superestrellas

Antes de ser el mejor cocinero del mundo, Ferran Adrià quería ser futbolista, ha afirmado varias veces que Johan Cruyff era su ídolo. Creo que de haberle ido bien en este deporte, ahora no estaríamos aquí escribiendo de gastronomía. Por otro lado, el chef madrileño David Muñoz, que luce desde el pasado noviembre tres estrellas Michelin, también fue jugador profesional en el Atlético de Madrid.

¿Casualidad? No estoy segura. Las estrellas del fútbol y las de la gastronomía tienen más cosas en común de las que pensamos: tienen aguante físico, se entrenan constantemente, son ambiciosas pero a la vez saben que sin su equipo no ganarían nada.