Una candidata desconocida contra un alcalde mediocre

Reyes Maroto, candidata del PSOE al Ayuntamiento de Madrid.

EFEReyes Maroto, candidata del PSOE al Ayuntamiento de Madrid.

Piensa el PSOE que a la décima puede ir la vencida en el Ayuntamiento de Madrid. Como anticipó Manuel Sánchez en republica.com, Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo, será su enésima apuesta para intentar recuperar la Alcaldía de la capital. Un consistorio que no es socialista desde que una moción de censura se lo arrebató a Juan Barranco en 1989. Desde entonces, nueve elecciones, nueve derrotas, nueve fracasos.

En mayo se cumplirán treinta y cuatro años de aquella salida abrupta y el Partido Socialista no ha levantado cabeza desde entonces. Sus fiascos han sido continuados y sonoros. Nunca le ha tomado el pulso a la capital y sus candidatos, la mayoría paracaidistas y algunos incluso ridículos, han minado, elección tras elección, el prestigio de unas siglas para las que Madrid se ha convertido a lo largo de todos estos años en terreno vedado.

Solo Trinidad Jiménez en 2003, y con Alberto Ruiz-Gallardón de oponente, mantuvo el tipo con mucha dignidad: 625.148 votos (36,68%) y 21 concejales fue su resultado. Para visualizar claramente el descenso a los infiernos del PSOE en Madrid desde entonces basta recordar que el 26 de mayo de 2019, en las últimas municipales, Pepu Hernández consiguió 223.582 votos (13,72%) y solo 8 concejales. El peor resultado socialista de su historia reciente.

La papeleta de la candidata socialista no es fácil, más bien todo lo contrario, en una ciudad donde su partido fue la cuarta fuerza política, la cuarta, en las elecciones del 19. Antes de pensar en Almeida, mucho antes, Maroto está obligada a preocuparse de Más Madrid, que fue la fuerza más votada en 2019, con casi 300.000 votos más que el PSOE. Y hasta si me apuran de Unidas Podemos y de Begoña Villacís, que puede ser decisiva aunque ya no exista Ciudadanos.

Rita Maestre será la candidata de MM, salvo que prospere una idea que barajan algunos sectores a la izquierda del PSOE y que es muy bien vista por Yolanda Díaz: el posible regreso de Manuela Carmena otra vez como cabeza de este cartel. Fuentes cercanas a la vicepresidenta señalan que sería un golpe de efecto importante y que podría provocar un vuelco en Cibeles. Sin embargo, son muy pocos los que creen en esta vuelta a la escena política de la exalcaldesa, retirada de la vida pública desde que una coalición entre PP y Ciudadanos la envió, tras las últimas municipales, a la oposición, primero, y a su casa, poco después.

Reyes Maroto deberá luchar contra la historia, fundamentalmente la de su propio partido en la capital, si quiere cambiarla. No parece a priori la mejor candidata posible y todo parece indicar que no fue la primera opción de Sánchez. Que Margarita Robles estaba por delante pero que su negativa fue insalvable para el presidente. Pero los obstáculos, debe pensar la todavía ministra de Industria, Comercio y Turismo, están para saltar por encima de ellos.

Y deberá saltar también la candidata por encima del obstáculo de Pedro Sánchez. No le recomendaría yo a Maroto que se apoyara demasiado en el presidente del Gobierno durante la campaña electoral. Fuera de su electorado de toda la vida, Madrid es, con toda seguridad, el territorio más hostil contra el inquilino de la Moncloa entre esos votantes que son necesarios, además de los propios, para ganar cualquier elección. Ni los comunicadores de Ferraz ni los de Presidencia del Gobierno han sido capaces hasta el momento de contrarrestar este “odio sarraceno” -en palabras de un alto cargo socialista- que despierta el líder del PSOE en la Comunidad de Madrid, y especialmente en la capital.

Aun así, y aunque Maroto es prácticamente una desconocida pese a ser ministra -titular ¿Quién es Reyes? el vídeo que lanzó rápidamente el PSOE es una torpeza mayúscula- no parece la peor candidata que han podido elegir los socialistas, especialmente si recordamos experimentos pasados: ella es sólida, seria y solvente, trabajadora infatigable, discreta y hasta parece tener tiempo por delante, si se confirma lo que la historia nos ha demostrado que nunca se confirma: que va a tener ese tiempo por delante para fracasar y volver a intentarlo; y que va a seguir estando ahí, en la oposición si es necesario, porque la suya es, dicen, una operación a diez años vista. Si cae, afirman, se levantará.

Una idea utópica y que queda muy bien, esta de los diez años, pero que no parece muy creíble toda vez que para el PSOE, y también para la mayoría de los partidos, el futuro no va más mucho allá del próximo compromiso electoral, en este caso de los dos próximos.

Y frente a esta desconocida, José Luis Martínez-Almeida, un alcalde mediocre. Un edil al que tampoco nadie conocía cuando llegó y que lleva camino de convertir una ciudad luminosa y rebosante de vida en un esperpento gris y tristón, sucio y hasta decadente; una ciudad que desprende un tufo, una roña y una mugre que nunca hasta ahora habían recorrido sus calles. Si pensábamos que la ciudad no podía estar peor que con Carmena, la realidad pronto nos demostró que todo es susceptible de empeorar, que Almeida, incluso, podía hacer buena a su antecesora.

Creía el primer edil madrileño que con guarecerse bajo el manto electoral de Ayuso iba a ser suficiente para mantener la alcaldía, que con ser el llavero de su jefa le bastaba para seguir siendo alcalde. Ahora no parece tan sencillo. La crisis sanitaria provocada por la Comunidad de Madrid les puede hacer mucho daño a ambos, a él incluso más que a ella. La presidenta autonómica, a fin de cuentas, tiene cierta vida propia y mucho más público del que tendrá jamás el alcalde, quien desde su lamentable actuación durante la crisis del PP, cuando traicionó a su benefactor Pablo Casado, parece un pobre huérfano del que nadie se fía y al que no le queda otra que arrimarse al primero que le presta un hombro, ya sea su antigua y querida enemiga Isabel Díaz-Ayuso, ya sea el franquista Millán-Astray.

Una candidata desconocida y sin experiencia municipal contra un alcalde mediocre y oscurantista no es, de entrada, la pelea política que uno desearía para el gobierno de su ciudad, una ciudad que lleva ya demasiados años resistiendo a pesar incluso de sus regidores. Las cartas ya empiezan a estar sobre la mesa y, alejada cualquier posibilidad de mayorías absolutas, la realidad es que la izquierda tendrá que sumar en torno a la lista más votada, ya sea PSOE o MM, para expulsar a Martínez-Almeida y el PP tendrá que echarse en brazos de los ultraderechistas de VOX si quiere seguir en Cibeles. Y en medio, Begoña Villacís, que si entra en el Ayuntamiento puede ser o la clave para que gobiernen unos u otros o la próxima alcaldesa.