Los costes del terrorismo

La reacción de las Bolsas y de los mercados en general tras los atentados criminales de París ha sido bastante moderada. No suele ser habitual un castigo persistente. La primera reacción, la más inmediata, en ocasiones anteriores era la de fuertes caídas. En algunos casos llegaron a acumular retrocesos del 7% en los días posteriores a atentados como los de Nueva York o Madrid, pero días después las cosas volvían a su cauce tras dejar, en todo caso, a algunos valores dañados, pero de forma individualizada. No se han producido movimientos bajistas persistentes.
Esta vez, a diferencia de los atentados anteriores, las Bolsas y los mercados de deuda han reaccionado con caídas en unos primeros momentos. Pero pasadas unas horas, las cotizaciones han vuelto a la normalidad. Incluso en Bolsas como la española, el principal índice de mercado, el Ibex 35, ha terminado con una ligera ganancia. La Bolsa de París tampoco ha reflejado un deterioro significativo.
Estas reacciones e incluso leves subidas de los índices generales se han producido incluso a pesar de que algunas compañías han sufrido un duro castigo en sus cotizaciones, como es el caso de las compañías aéreas y las hoteleras, que en principio son las más vulnerables a estados de inseguridad mundial, a todo lo que signifique riesgo terrorista. En España se han producido estas reacciones, perceptibles en empresas como la aeronáutica IAG o algunas compañías hoteleras que cotizan en los mercados de renta variable. Los riesgos terroristas sitúan a estas empresas en la primera línea, con posibilidades de impacto inmediato, reflejadas en un descenso de la demanda y de la actividad. Pero, pasados unos días, es probable que el impacto psicológico se diluya, como en anteriores ocasiones, hasta un retorno a la normalidad.
Los atentados y el estado de creciente enfrentamiento bélico entre, por una parte, los islamismos radicales y fanáticos y, por la otra, las naciones civilizadas, no pasarán sin embargo inadvertidos. Al margen del impacto negativo a corto plazo en las cotizaciones de los mercados, que suele recuperarse de forma bastante inmediata, queda un poso en la vida económica que no resulta neutral para la actividad y para el comercio mundial. El turismo se resiente de forma bien visible.
Lo hemos visto en los últimos dos o tres años, en los cuales una parte importante de los flujos de visitantes que se estaban dirigiendo a países árabes, como Egipto, Túnez o Libia, se han reorientado hacia espacios más seguros, como las zonas turísticas de Italia, España o incluso Marruecos. Es probable que la oleada de atentados en Francia tenga también consecuencias negativas sobre este país en el medio plazo. Francia es uno de los dos o tres países que se disputan el liderazgo mundial en ingresos turísticos. La firmeza con la que las autoridades francesas, y por razones de contagio las de otros países que también se sienten amenazados, contribuirá a reducir los temores y los riesgos, pero entraña en todo caso un importante aumento del gasto público en materia de seguridad y defensa. En el caso de Europa, y no sólo de Francia, la escalada terrorista coincide con unos movimientos migratorios muy intensos que están desbordando las capacidades de las sociedades occidentales para dar acogida confortable a tanta cantidad de seres humanos como los que huyen de la guerra en Siria e Irak.
Toda la inestabilidad que, en suma, se está exportando desde Oriente Medio hacia Europa, se está convirtiendo en un problema de dimensiones económicas, no sólo políticas y sociales, agravado ahora con el terrorismo. Europa tendrá que hacer frenet a estos dos desafíos, terrorismo e inmigración, ambos con un coste que puede alcanzar cotas muy elevadas. Y ello obligará a replantear las prioridades presupuestarias y de gasto en todos los países de la zona euro. No hay dinero para todo ni los recursos son ilimitados. Europa tiene que afrontar este nuevo frente de conflicto como una fuente adicional de gasto que inevitablemente influirá no sólo en la seguridad de los europeos sino en los bolsillos de todos. Una cosa es que los mercados no reaccionen de forma duradera en el medio plazo y otra es que todo este abanico de problemas nos vaya a salir gratis.