Reparar con oro

Reparar con oro

PixabayKintsugi

Desde que escuché hablar de esta técnica, no he dejado de pensar en ella.

Reparar con oro.

Siempre me llamaron la atención las piezas de cerámica que me vendían en la feria de Betanzos, reparadas con grapas y que yo me llevaba quizás por eso, porque estaban rotas y porque estaban reparadas. Es más, solía enseñar las cicatrices y hacer ver las grapas, como un detalle que, a mi modo de ver, hacían aún más hermosa la fuente, más verdadera, al no esconder su historia.

¿Quién no se ha roto?

Esa sensación indescriptible que te rompe en pedazos y que el arte japonés, porque ya es un arte más que una técnica, de reparar con oro en vez de con grapas la cerámica rota, denomina como: “El accidente”.

Luego vienen otras fases de este arte japonés del siglo XV llamado “kintsugi” o “reparación de oro”, que son el “armado”, la “espera”, la “reparación” y la “revelación”, que es cuando el objeto hecho pedazos se revela aún más hermoso con sus cicatrices de oro.

No sé nada de esta técnica, ya lo he escrito, acabo de enterarme de su existencia, pero me ha entusiasmado.

Siempre se ha dicho que un jarrón roto no podía arreglarse.

Pero nadie nos había dicho que se podía mejorar.

De hecho, leo ahora, hay piezas de cerámica que valen más si están rotas y reparadas con la técnica del “kintsugi”, pegadas con laca “urushi”, y luego espolvoreadas las heridas con oro, plata o platino, que las mismas piezas sin haberse roto y reparado con oro.

Hay quien, por ello, se dice que rompe adrede la pieza, para luego arreglarla.

Pero esto, estoy convencida, se nota.

Hay un algo en lo que sucede sin querer que es puro arte.

Quiero decir que es la pieza que se cae sin querer de nuestras manos la que de verdad merece la pena repararla con oro.

Porque ese “sin querer” lo es todo, puro azar de la existencia, hasta para una humilde pieza de cerámica.

Si se pudiera, guardaría la luz de esta tarde, porque a mí me repara cuando la miro caer con el Sol sobre los montes.

Esta técnica del “kintsugi” es también una filosofía que me ha recordado a aquella frase, traducida por Javier Marías y escrita por Isak Dinesen, la baronexa Blixen de “Memorias de África”:

“Todas las penas pueden soportarse si se meten en una historia o se cuenta una historia acerca de ellas”

En este caso, el oro son las letras, o más bien las palabras, reparando por el camino las cosas que cuentan.

No se puede guardar la luz, pero sí sobre el papel la escritura, que brillará de oro sobre las heridas del relato.

Pero antes, hay una fase “kintsugi” que se me antoja muy necesaria, justo en medio del proceso, la tercera fase, que es la espera.

Esperemos pues a ver qué pasa, que a veces se arreglan las cosas sin que tengamos que hacer nada.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.