Pier Antonio Panzeri, el cerebro detrás de Eva Kaili

Pier Antonio Panzeri, el cerebro detrás de Eva Kaili

EFEEva Kaili, vicepresidenta de la diputada socialista griega

Eva Kaili tenía una vida privilegiada. Vicepresidenta del Parlamento Europeo, la carrera profesional de esta licenciada en arquitectura, ingeniería civil y periodista en el canal MEGA de su Grecia natal, era imparable. A sus 44 años, con un importante bagaje político - en 2007 ya era diputada nacional del PASOK y eurodiputada desde 2014 - su siguiente ascenso en la cumbre estaba cantado. Inteligente y bella, se había ganado el respeto de sus compañeros en su perfil como legisladora, trabajando en expedientes complejos de ciberseguridad y blockchain. En 2021, su salario como eurodiputada ascendía a 7.146 euros netos al mes, más una asignación general mensual de 4.778 euros y el reembolso de los gastos de viaje.

Madre de una niña de dos años junto a su pareja, el italiano Francesco Giorgi, otro ser “tocado” por la estrella de la inteligencia, la suerte y la apariencia física, Kaili disfrutaba de una confortable existencia con base en la hermandad europarlamentaria que gravita en Bruselas, ciudad convertida desde hace décadas en destino favorito de quienes buscan contactos de alto nivel y resolverse para siempre la vida. Algo así como un pequeño Washington a la europea, destino de principiantes con ínfulas, a la vez que retiro dorado de políticos nacionales desgastados en su país de origen. También, por descontado, de incansables currantes y cerebros excepcionales. Una curiosa comunidad que paga altos sueldos a cambio, eso sí, de no dar tantos escándalos como los que estamos acostumbrados a ver en casi todos los países de la UE.

Ahora Eva Kaili está en la cárcel acusada de participación en organización criminal, blanqueo de capitales y corrupción, su despacho de Bruselas se encuentra precintado y ha sido expulsada del PASOK y suspendida del grupo S&D. Los responsables de la instrucción examinan sus archivos, analizan sus discursos y, lo peor de todo (para ella), sus activos tanto en Bélgica como en Grecia han sido congelados. Su padre y su compañero sentimental también duermen estos días entre rejas y las instituciones europeas tienen la intención de utilizar su caso para demostrar la ejemplaridad con la que se castiga a quien se salta las reglas del juego. De manzana podrida hablan los altos cargos de la actualidad, aunque aún esté por ver hasta dónde llega la corrupción en aquel micromundo de cielos grises y noches doradas.

En los medios, Kaili es la cara visible de este Qatargate que pasa por Marruecos y nadie se ha tomado en serio lo que, a través de su abogado, ha declarado a propósito del asunto. Ella no sabía nada, descubrió que había fajos de billetes escondidos en su casa poco antes de que llegara la policía y si a su padre le detuvieron con una maleta que contenía 600.000 euros fue porque, precisamente, le pidió que sacara de allí aquel dinero fantasmalmente aparecido. No ha dicho para llevarlo a dónde. En los medios y en la fiscalía belga tampoco se da crédito a la confesión de su pareja, dando por sentado que cuando asegura que Eva no sabía nada del dichoso contubernio, el “galán enamorado” únicamente la está protegiendo.

Es ella, desde luego, quien más pierde en esta historia. Probablemente no en el ámbito judicial, pero sí en lo que se refiere a su carrera política, su prestigio profesional y, por supuesto, su imagen y patrimonio personal. Su rostro acompaña bochornosos titulares y, siendo como es inteligente, uno se pregunta cómo es posible que nunca pensara que recibir prebendas de dos oscuros estados a cambio de favores no iba a salirle “rentable”. ¿No es aquel que más posee, quien más miedo tiene de perderlo?, se preguntaba Leonardo Da Vinci. Que aquel dinero ni siquiera les hacía falta lo confesó el propio Giorgi y, aunque el afán de acumular riqueza es tan viejo como nuestra especie y valerse de un cargo público para hacerse rico lo es tanto como las primeras civilizaciones, cuando saltó la noticia que sacudió Bruselas era imposible dejar de preguntarse ¿para qué? Poner en duda el poder del dinero sería una soberana estupidez, pero aún cuesta creer que no exista un ápice de sentido común cuando se trata de arriesgarlo todo por llenar las arcas con dinero de más que negra procedencia.

¿Podríamos entonces creer a Kaili y pensar que estaba a ciegas en su propia casa? ¿Que realmente, como argumenta, acababa de descubrir la trama? ¿Qué se asustó y llamó a papá para que la sacara del lío en lugar de acudir a la policía? ¿O acaso la pareja Kaili-Giorgi ya tenía preparada la estrategia de defensa para que al menos uno se librara de la trena? Eva va a tener difícil explicar sus discursos en defensa de lo bien que lo hacía Qatar con los derechos humanos y otro sinfín de perlas que podrían sentenciarla, como poco, por complicidad. ¿De verdad es tan difícil decir que no a un dinero que no se necesita? ¿A un marido-pareja-amante que propone un negocio que se asoma al precipicio? Supongo que depende de las personas. No lo supongo, lo he visto. Y se puede decir que no.

Hay determinados asuntos, además, en los que uno, aunque no sea muy “listo”, intuye que es mejor no meterse ni siquiera rozándose. Y el que ahora abochorna a la UE es sin duda uno de ellos. Sin embargo, no sólo es dinero lo que determinados perfiles buscan en los charcos. En la opacidad de sus aguas, aunque parezca un sinsentido, los narcisistas manipuladores como el verdadero protagonista de esta historia, Pier-Antonio Panzeri, diputado de la Eurocámara hasta 2019 y fundador de la ONG Combatir la Impunidad, buscan y encuentran su razón de vivir. Al límite, midiéndose siempre con el adversario, demostrando ser el más listo, el más audaz. Ex líder sindical y militante de la izquierda italiana, a sus 67 años, Panzeri es un “charquero” de libro, del que ahora ni siquiera los medios se ocupan demasiado en publicar su imagen porque resulta mucho más atractiva la de Eva Kaili. Para colmo, el culebrón amoroso de su pupilo y la ex presidenta le ha venido de perlas en lo que a interés mediático se refiere, aunque la fiscalía belga tenga claro que él es el cerebro de la trama de corrupción. Presuntamente.

De hecho, el origen de la investigación que ha terminado con la carrera de Kaili está en Pier Antonio Panzeri. Un tipo como él procura habitar en las sombras, pero de tanto ir con el cántaro a la fuente acaba apareciendo cada vez en más dosieres, una suerte de perejil de todas las salsas. En 2021, los servicios secretos belgas seguían de cerca lo que consideraban una posible amenaza para la seguridad del Estado e injerencia extranjera y el nombre de Panzeri, qué casualidad, volvió a aparecer. Así que los espías registraron “discretamente” su domicilio y tras ver lo que vieron, consideraron que había suficientes indicios de delito de corrupción institucional. Tantos, que desclasificaron una parte del dosier y lo compartieron con el Ministerio Público el 12 de julio de 2022. Fue entonces cuando comenzó la investigación judicial y de acuerdo con el diario Le Soir, los servicios de inteligencia de hasta cinco países participaron en la operación. Un charco de los grandes que ya ha salpicado a la mujer y a la hija de Panzeri, detenidas en Italia a raíz de la Euroorden cursada por Bélgica, que las considera “plenamente al corriente de las actividades” – ellas sí - y cómplices en el transporte de regalos muy caros.

Regalos que venían de Qatar, ya que el lobby marroquí, al parecer y según la documentación requisada, era más de billetes que llegaban en maletas y bolsas por valija diplomática y que se encargaban de entregar el embajador de Marruecos en Polonia, Abderrahim Atmoun, y Yassine Mansouri, responsable de los servicios de inteligencia del reino alauita, a quien Le Soir identifica como responsable directo de alguno de los pagos a la red con el objetivo de influir en los debates y resoluciones de la Eurocámara que afectan a Rabat. Ya saben, el siempre controvertido acuerdo de pesca, la cuestión migratoria y, especialmente, el Sáhara, los derechos humanos, la colaboración europea en materia de seguridad y antiterrorista. En definitiva, muchísimo dinero en juego, reivindicaciones territoriales y disputas geopolíticas. En esta ocasión, un abismo colosal, demasiado profundo incluso para Panzeri. O, quizás, únicamente se le acabó la suerte. De tanto usarla. La avaricia, ya sea de dinero o de poder, “es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable por satisfacer sus necesidades, sin llegar nunca a conseguirlo” (Erich Fromm).