Parlamentarismo envilecido

Debate presupuestos 2023

CongresoFélix Bolaños, ministro de la Presidencia

Lo que se ha podido escuchar estos días (y otros) en el Parlamento (Congreso y Senado) es para llorar, va más allá de la mala educación y la grosería; afortunadamente solo han sido palabras aunque degenerando se podría llegar más lejos. Ya ha ocurrido en otros parlamentos y ocurrió en el nuestro hace poco menos de un siglo. Es inimaginable hoy la que llamó dialéctica de las pistolas pero las maneras y la retórica encienden pasiones y extravíos.

Se debaten los Presupuestos que la teoría dice que es la ley por excelencia de cada período ordinario de sesiones, pero lo que arrastra ese debate hasta su votación es cualquier cosa menos un debate de cuentas y políticas económicas y sociales. No hay ninguna intervención que merezca la pena señalar por su profundidad y buen sentido, por la relevancia de la propuesta y las explicaciones.

Desde las intervenciones de la ministra responsable, casi siempre pintureras y audaces y casi nunca con fundamento, a las intervenciones de los opositores o socios, lo que allí puede escucharse dista leguas de ejemplar o interesante. Se acuñan palabras y lemas propagandísticos sin contenido más allá de lo que pretenden decir que suele ser ¡qué buenos somos y qué malos son los demás”.

La presidenta del Congreso (y el del Senado) y las respectivas mesas a las que corresponde el gobierno (y el decoro) de las cámaras delimitan a presidir y repartir los turnos amarrados a las formalidades de un reglamento que desde hace tiempo necesita reforma. Pero nos preocupan por el respeto y el prestigio de la institución. Carecen de autoridad, son meros engranajes del dominio del ejecutivo (y de los partidos) sobre los parlamentarios. El partido y la disciplina del manda, lo demás es paisaje.

Nunca se ha legislado tan mal como en estas dos últimas legislaturas, un proceso de degradación que viene del gobierno anterior. Muchas normas (170 dice orgulloso el ministro de la Presidencia que se desliza cada día hacia un “gamberrismo” que encaja mal con su persona y carácter. Muchas leyes apresuradas, con urgencia que va contra su efectividad y permanencia. En resumen un parlamentarismo envilecido, degradado que abre la puerta a una democracia de muy baja calidad. Por no ser no son ni siquiera educados.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.