Pablo Iglesias, en carne mortal

La ministra Irene Montero y Pablo Iglesias, en la 'Uni' de Podemos este domingo.

EFELa ministra Irene Montero y Pablo Iglesias, en la 'Uni' de Podemos este domingo.

Él otra vez. Aunque realmente siempre ha habitado espiritualmente entre nosotros ahora parece que quiere volver en carne mortal. Y lo hace desde la atalaya de ser el único militante de base de un partido que es capaz de gobernarlo dictatorialmente, a su antojo. Y vuelve con ganas de revancha y arremetiendo contra Yolanda Díaz, a la que él puso, eso dice al menos, y a quien acusa de no guardarle el respeto debido. Ni a su persona ni a Podemos.

Y si el domingo fue él quien disparó a quemarropa, este lunes ha sido la formación que controla la que ha vuelto a poner en el disparadero a la vicepresidenta Díaz, conminándola a que diga de una vez si quiere ser la candidata de Podemos.

Todo parece indicar que Pablo Iglesias vuelve a centrarse en él, que es realmente el tema de conversación que más le gusta y el motor verdadero que mueve su existencia y su trayectoria política, y tras calificar de estúpida, desagradecida e ingenua a la vicepresidenta, aunque sin mentarla directamente, se presenta como gran valedor de la libertad de expresión -pero solo de la suya, no de la libertad de expresión de quienes le rodean- y como el único salvador posible de la izquierda, de la verdadera izquierda, naturalmente.

Se olvida el telepredicador, que sigue levitando en los cielos y que ha cambiado la plaza de toros por un teatro para sus sermones apocalípticos y egocéntricos pero divertidos, que ha sido mayoritariamente él quien ha llevado a la formación morada al estado comatoso en el que se encuentra. Que no ha sido la vicepresidenta y si no, ahí está la hemeroteca y los últimos resultados electorales para corroborar lo que solo él parece ignorar: que Pablo Iglesias es ahora el principal estorbo de Podemos es tan cierto como que en el nacimiento de la formación fue su principal propulsor.

La memoria selectiva y excluyente de Iglesias le suele jugar malas pasadas. Se olvida también el ex vicepresidente de que la formación morada tiene ahora la mitad de los diputados que tuvo en la carrera de San Jerónimo en 2016, que la presencia autonómica y municipal de su formación ha desaparecido o se ha convertido en irrelevante, que Isabel Díaz Ayuso lo humilló y lo echó de la primera línea de la política activa y que los madrileños relegaron a su formación a la cuarta fuerza de la Comunidad, cuando encabezó la lista morada en mayo de 2021, por detrás de populares, Más Madrid, PSOE y Vox. Y que todo este descenso a los infiernos sucedió cuando él, y solo él, era todavía el ‘número 1’ de la formación

Y si bien es cierto que su peor resultado en unas generales le permitió entrar en el primer gobierno de coalición de nuestra historia reciente, no lo es menos que en la actualidad aquellos cinco millones de votos de 2016 han quedado reducidos a “un club de fans del podcast del exsecretario general”, en boca de Ramón Espinar, antiguo dirigente de Podemos. “Es la caricatura de un liderazgo tóxico… Ha conseguido instalar en todos los medios un mensaje agrio, agresivo y vengativo contra Yolanda Díaz, contra la compañera que él mismo designó para sucederle… ¡Que nadie levante la cabeza ni triunfe por encima suya…!”, añadía Espinar después de la intervención de Iglesias en la clausura de la 'Uni' de Podemos de este pasado fin de semana.

En la actualidad, apuntan sectores críticos de la formación, Unidas Podemos es “poco más que una vicepresidencia del Gobierno y unos cuantos ministerios, y solo los mantiene unidos el pegamento del poder y todo lo que ello acarrea”. Y aunque este domingo el militante de base Iglesias amenazó veladamente con una ruptura de la coalición gubernamental cuando señaló que “hay que entender que no basta el BOE” para ganar elecciones, en el PSOE están convencidos de que Podemos amenaza tan rápido como recula después: “Van hasta el mismísimo borde, pero nunca saltan”, afirma un alto cargo del Gobierno, que piensa que a corto plazo no romperán la coalición.

Mucho ha pasado desde que Yolanda Díaz era “la diputada de Pablo” y desde que este la llamó por teléfono cuando ella limpiaba los cristales de su casa en Ferrol para decirle que iba a ser la próxima ministra de Trabajo y de Economía Social en el gobierno de coalición y que lamentaba que no lo fuera también de la Seguridad Social (Yolanda Díaz. La Dama Roja. Manuel Sánchez y Alexis Romero. Ediciones B). Aquello es historia. El exvicepresidente del Gobierno, quienes le conocen lo saben, tiene una misión por delante y no es otra que la de acabar al precio que sea con su antigua amiga. Y más que acabar con ella, hundirla políticamente.

Si pudiera, Iglesias echaría marcha atrás en el tiempo y la devolvería al instante mismo en el que la ahora vicepresidenta limpiaba los cristales de su casa. Y allí la dejaría.