Outlet Factory Taurina

Eulalio López “Zotoluco”Era noche ciega cuando el toro de Domínguez Camacho se rendía, por fin, junto al burladero de cuadrillas. Finaba la corrida con el toro noveno que salió por chiqueros, un sobrero de los que se toman a capón en los corrales cuando ya se han lidiado los reseñados de reserva, es decir, en tardes en las que el presidente ha repetido pañuelo verde más de lo previsto.

Nueve toros, pues, de cinco hierros diferentes, aparecieron en el ruedo de Las Ventas, a saber: dos de Bañuelos (el hierro titular del cartel), uno de Couto de Fornilhos, otro de Aurelio Hernando, uno más de Carmen Segovia y el susodicho de Domínguez Camacho. Todo un muestrario de hierros y divisas, lo que podría denominarse en lenguaje comercial de última hornada “outlet factory taurina”.

Al ganadero burgalés Antonio Bañuelos no se le vio el pelo por las cercanías de la plaza. Se comprende su malestar o su disgusto, porque lidiar en Madrid es siempre un trago difícil de digerir para cualquier criador de bravo, por muy larga que sea su trayectoria. Lidiar en Madrid es una “tragantón” para el dueño de cualquier divisa. Bañuelos tenía además un suplemento que duplicaba su ansiedad: apoderaba a uno de los toreros, Morenito de Aranda. Y como, además, le habían desechado varios toros en el reconocimiento, pues el hombre no tendría cuerpo para dejarse ver antes de que sonara el clarín, por si las cosas se torcían aún más. Hizo bien, Antonio, tapándose ante un posible doble desaguisado. De los cuatro aprobados, solo lidió la mitad y uno, el primero de la corrida, fue mansote, reservón y acostadizo por el pitón derecho.

Hasta aquí, lo negativo para el ganadero burgalés, el amo de los llamados “toros del frío”, porque pacen –cuando la nieve y el cierzo lo permiten– en “La Cabañuela” del páramo de Masa. Lo positivo fue el juego de uno de sus toros, lidiado en cuarto lugar, por raro nombre “Lana Virgen”, uno de los toros más bravos en el primer tercio que se han lidiado últimamente en este sacrosanto escenario, que es algo así como la reserva espiritual del “torismo”. Llega a tener “Lana Virgen” el hierro de una de las ganaderías protegidas por uno de los sectores contestatarios del graderío, y se arma la de Dios es Cristo, pero para bien. Hasta tres veces se arrancó de largo el toro al caballo montado por Nacho Meléndez, y otras tantas empujó con codicia y bravura ya desusadas. Ovaciones de clamor, murmullos, run-run de admiración. Esas teníamos cuando Zotoluco (“Zotoculo” se puso en el programa oficial, por clamorosa errata, supongo involuntaria) brinda al público y se ve desbordado por el torrente de encastada bravura. Algunos le llamarían genio, pero no, señor, el toro se quería comer lo que se pusiera por delante, también la muleta, por supuesto. Eso es lisa y llanamente bravura, con los intríngulis que acarrea, por supuesto. Zotoluco se perdió en naderías y solo acreditó su buen oficio en el mansote toro que rompió plaza. Igual que se perdió Diego Urdiales con un sobrero de Aurelio Hernando que enhilaba con él a la salida de los muletazos y con un toraco de Couto de Fornilhos que no terminaba de pasar por una cuestión meramente física: el brazo del torero describía un arco de dimensión acorde con su envergadura y la carrocería del tranvía portugués medía por lo menos un metro más. Por tales motivos, la suerte suprema fue un supremo calvario para el arnedano. Valiente y decidido Diego, pero se va avisado por partida doble de Madrid.

La segunda parte positiva ocurrió en el tercero-bis, segundo sobrero, con el hierro de Carmen Segovia. Positiva para Bañuelos-apoderado, porque al toro de su hierro le dio un síncope al tomar el capote de Morenito y quedó exánime en la arena. El toro de doña Carmen, cinqueño y feo, se llevó dos magníficos pares de banderillas de Juan Martín Soto, y otras tantas series de muletazos en redondo por el pitón derecho que el torero de Aranda, encajado y mandón, le sopló después de torearlo con relajo y buen temple al natural. Fue toro de éxito gordo. Quizá le faltara otra tanda más con la zocata en el mismo tono y son que las últimas a derechas para reventar la plaza, y que la estocada no hubiera caído tan delantera, y no haber descabellado… en fin. La oreja supo a poco, pero al Moreno le supo a gloria. El último, el toro de la noche descrito al principio, fue protestado por sus hechuras. Era una gamba: solo cabeza; pero, amigos, qué gamba tan correosa, fiera y hostil para el torero. No paró de moverse ni un segundo, a pesar de lo cual, le prendió dos excelentes pares Luis Carlos Aranda. Su jefe de fila le brindó la faena y se fue decidido a por la Puerta Grande, pero el toro no le deparó un momento de sosiego.

Era noche ciega, decía, cuando el postrero toro dobló las manos. La esfera reflectante del reloj oficial marcaba una hora ya bruja para quienes tenemos que ponernos a escribir. Miramos hacia arriba y nos acordamos de la “outlet factory taurina”. Y de Sabina. Y nos dieron las diez…

Madrid. Feria de San Isidro. 12ª de abono:

Toros: Cuatro toros de Antonio Bañuelos, dos( 2º y 3º) devueltos, sustituidos por uno de Aurelio Hernando y otro de Carmen Segovia. Dos de Couto de Fornilhos, uno (6º) devuelto y reemplazado por otro de Domínguez Camacho.

Toreros: Eulalio López “Zotoluco” (de verde botella y oro), estocada baja (Silencio), tres pinchazos y estocada (silencio); Diego Urdiales (de oliva y oro), pinchazo, estocada y descabello (aviso y división) y Jesús Martínez “Morenito de Aranda”  (de fucsia y oro), estocada delantera y descabello (aviso y oreja) y pinchazo y media muy baja (aviso y silencio). Tres cuartos de entrada en tarde fría y soleada.