El que vuelve y el que estaba, se encuentran en Almería

Así salieron Emilio de Justo y Roca Rey de la Plaza de Almería

Emilio de Justo nunca pidió urgencia para recuperar su maltrecho cuerpo, desbaratado por el volteretón de aquél toro cárdeno de Pallarés, aquél ya lejano día de abril en que se había encerrado con seis toros en Las Ventas. Emilio nunca dijo nunca, ni aceleró el proceso curativo de aquella gravísima lesión, porque sabía que el triunfo le esperaría, puntual a la cita, sea cuando fuere. Del domingo de Ramos a este penúltimo domingo de agosto del 22, van 19 domingos, o lo que es lo mismo, 133 días. Menos de medio año. Un suspiro. Alguien podría pensar que la espera ha sido tan extensa como incierta, y por tanto, de suspiro, nada; o que el consabido “largo me lo fiáis” sería más razonable; pero en esto del toreo, las prisas son malas consejeras. Dicen los taurinos castizos que las prisas solo les vienen bien a los ladrones y los malos toreros. Emilio, qué les voy a contar, no es que sea un buen torero, es que ya hace rato logró consolidarse como figura del toreo; es decir, un torero de una pieza, por mucho que aquél toro le partiera las vértebras y casi lo mata. Pero los toreros de una pieza, como Emilio de Justo, no son fáciles de romper porque carecen de fragilidad. Antes al contrario, razonan y controlan sus emociones; por eso ha sabido esperar todo lo esperable, para dejar que el tiempo pasara, aunque fuera con esa lentitud que tantas veces conduce a la desesperanza. Menos de medio año, no es nada… si la dicha es buena. Y lo fue ayer en Almería, donde el que volvía se encontró con el que está cuajando la mejor temporada de su vida profesional, como matador de toros: Andrés Roca Rey, que arrasa por donde pasa. Es el Atila de la campaña. No da tregua a nadie ni a nada, sea cual fuere la categoría del colega con quien compite o la de la Plaza en que actúa. No hay quien le tosa. Ayer, en Almería, se midió mano a mano con el reaparecido más esperado y, a pesar de que enlotó lo más desabrido de Núñez del Cuvillo, formó tres alborotos considerables. Nadie sabe cómo consigue que los toros tardos se espabilen, o los geniudos se atemperen, pero el caso es que a todos les aplica la misma medicina: mostrar una autoridad suprema en la confrontación, un  valor sólido, una entrega efervescente y un temple exquisito. A pesar de que la espada le ha fallado en los momentos cruciales de la temporada –especialmente en Sevilla y Madrid--, sale prácticamente a triunfo por corrida. Almería también sucumbió a su demostración de poderío –aunque fue cogido y zarandeado de forma tremenda-- y sumó tres orejas a su descomunal cosecha de trofeos. Los mismos premios acumuló Emilio de Justo, más afortunado en el sorteo, pero, también, entregado hasta lo más íntimo de su médula espinal, venturosamente recuperada. Y eso que aguantar a un ciclón como Roca Rey, después de una lesión tan alarmante, debe descolocar a cualquiera. A cualquiera que no sea Emilio de Justo. Aquí está de nuevo, para quien quiera algo de él. No es un torero recuperado, es el mismo que fue estampanado por un toro y ha estado con el cuello empotrado en un collarín que le impedía mirar a los lados, siquiera fuera de soslayo. Eso sí que es tortura; pero ayer dio un curso de toreo al natural y una lección de torería en los tres toros que tuvo delante. Lo más impresionante, la estocada al primer cuvillo, el del regreso. Ni rastro de precaución en el embroque del volapié. Lo más emotivo, los brindis que se intercambiaron los contendientes. Supongo que Andrés le diría que se alegraba de tenerlo de nuevo a su vera en el paseíllo, y Emilio que le complacía compartir con él un cartel que habrá de ser punto de partida para reactivar su trayectoria. Lo más importante: que la Fiesta, ajetreada y viva, sigue aportando héroes cada tarde. Ayer mismo, Octavio Chacón fue herido por un toro de Miura en Sanlúcar de Barrameda y operado en la enfermería, pero regresó al ruedo para apuntalar un triunfo indiscutible. Con Emilio de Justo de nuevo en la palestra, y un plantel de toreros en plena sazón, además de varios jóvenes valores de acreditada categoría, este agosto nos está brindando tardes de toros apasionantes. Y, a todo esto, se suma Bilbao, donde ya han comenzado sus también renovadas y siempre atractivas Corridas Generales. Para allá nos vamos.