No hubo derrumbe demócrata

El senador demócrata por Georgia Raphael Warnock

EUROPA PRESSEl senador demócrata por Georgia Raphael Warnock

Vamos aprendiendo en estos tiempos inciertos que hasta el rabo todo es toro, que los resultados electorales son los que certifican los organismos encargados del control de los votos. Y eso, muchas veces, requiere tiempo. En Brasil el sistema electrónico permitió verificar el triunfo de Lula la misma noche electoral, aunque fuera por muy poco, pero suficiente para evitar cualquier impugnación. En este caso las previsiones electorales, interpretadas por todos los medios locales o extranjeros, sostenían una clara victoria de Lula, la incertidumbre radicaba en la aceptación de los resultados por parte del perdedor y los riesgos de una transición complicada e incluso fristrada.

Más serio es lo ocurrido con la elecciones norteamericanas del martes. La opinión dominante, abrumadoramente dominante, era que los republicanos saldrían tan fortalecidos, dominantes en el Capitolio, como para neutralizar y arruinar los dos años del mandato de Biden. El resultado conocido hasta ahora no es tan rotundo; los demócratas han ganado dos estados (22 gobernadores +2) que pierden los republicanos (24 -2). En el Senado se repite la situación de hace dos años con el asiento cien (Georgia) que va a requerir nuevas elecciones en enero que definirán la mayoría de esa cámara. De momento hay empate a 48 con cuatro puestos por asignar. En la Cámara de Representantes los republicanos van a conseguir una mayoría para desplazar a Nancy Pelosi pero todo muy ajustado que promete fuertes emociones en la colina.

Varios de los patrocinados por Trump han perdido, a pesar del apoyo del expresidente y del dinero invertido para triunfar. Y entre los republicanos ganadores, encabezados por De Santis en Florida, emergen competidores firmes de Trump que para ser candidato tendrá que competir primero en el partido que cree dominar.

Los demócratas no se han derrumbado a pesar de todos los pronósticos y disponen de dos años para unificar el partido y revisar el liderazgo ya que Biden (al borde de los 80) resta más que suma. Lo mejor que puede hacer el actual presidente es apoyar a un sucesor con perspectiva de convertirse en ganador en noviembre de 2024. Desde una presidencia que no pelea por la reelección se puede hacer mucho para apoyar a un candidato de futuro.

La democracia norteamericana, ejemplar a lo largo de la historia, presenta demasiadas averías y disfunciones de imposible remedio en una sociedad tan confrontada y ofuscada como la actual. Precisa de nuevas miradas y liderazgos para reformar lo que está podrido y recuperar el espíritu de la República.