Matar a una mujer tendría que ser más difícil

Matar a una mujer tendría que ser más difícil

RRSSRaúl Díaz y Romina Celeste el día de su boda

Este miércoles distintas organizaciones feministas urgían a los poderes públicos a luchar más y mejor contra la violencia de género. Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, exparejas, amigos ocasionales, conocidos o simples animales que pasaban por allí, siguen manteniéndose en unas cifras escandalosas que dejan al descubierto, además, algunas lecturas inquietantes.

Hace escasos días escribíamos aquí que todos tenemos que poner de nuestra parte para detener esta sangría: los ciudadanos abriendo más los ojos; la clase política legislando sin ideología pero con contundencia y conocimiento de la realidad y corrigiendo errores y meteduras de pata cuando son tan y tan evidentes; la policía, actuando enérgicamente, con sensibilidad, profesionalidad y sin contemplaciones, y algunos jueces poniendo las leyes de parte de las víctimas antes de ser asesinadas y no como exclusiva salvaguarda de los futuros culpables.

La mitad de las mujeres asesinadas en diciembres había denunciado ante la Policía a sus maltratadores antes de que estos se convirtieran en asesinos. Un porcentaje que, punto arriba, punto abajo, puede valer para todo el año pasado. Es evidente que a estas víctimas no les sirvió de nada denunciar y contar sus historias para no dormir a quienes debían protegerlas.

Si se analizan los casos también descubriremos que un porcentaje elevado de asesinadas había pedido una orden de alejamiento que algunos jueces rechazaron. Este jueves se ha sabido, lo publica Abc, que Raúl Díaz, acusado de matar, descuartizar y asar en una barbacoa a su mujer Romina Celeste en Lanzarote -primera muerte violenta de una mujer en 2019-, será excarcelado antes de este 16 de enero al cumplir cuatro años de prisión preventiva sin haber sido juzgado.

"Lo más alarmante", decía este miércoles Elena Valenciano, presidenta de la Fundación Mujeres, es que están siendo asesinadas "mujeres protegidas por el Estado y los poderes públicos. Ahí es donde está el problema fundamental".

El que un presunto asesino -con un sinfín de pruebas que demuestran su culpabilidad- pueda salir en libertad porque no se le ha podido juzgar en cuatro años por su crimen debería avergonzar a todos los ciudadanos de este país, y muy especialmente a la administración de Justicia.

El caso de Lanzarote o el de esas mujeres asesinadas que habían denunciado a sus asesinos o el de aquellas que habían pedido una protección que no obtuvieron, viene a demostrar que ni jueces ni policías están acertando a la hora de enfrentarse a un problema, todo hay que decirlo, complejo y en el que, como afirma Valenciano, "no existen soluciones milagro" al ser un problema "muy arraigado en nuestra sociedad".

Tiene razón Valenciano. Somos un país con alguna asignatura pendiente. Y en relación con el comportamiento de muchos hombres hacia las mujeres, con más de una. Las mujeres que mueren en nuestro país por el simple hecho de serlo son realmente bastantes más que las que reflejan las estadísticas oficiales. Las diferenciaciones 'técnicas' oficiales que se hacen de los feminicidios son una simple coartada para ocultar que el problema es mucho más grave y que en la mayoría de los casos los hombres matan a las mujeres porque pueden, porque creen que están en su derecho y tienen la fuerza necesaria para hacerlo.

Partiendo de la base de que quien mata es el único y verdadero culpable, es responsabilidad de las fuerzas de seguridad del Estado y de la Justicia acotar al máximo la capacidad de maniobra de estos asesinos. Matar puede ser fácil, muy fácil, y matar a una mujer, por el simple hecho de serlo, mucho más fácil todavía, como estamos viendo. O dicho de otra manera: matar a una mujer tendría que ser mucho más difícil y la policía y los jueces tendrían que hacer todo lo necesario para ponérselo imposible a estos terroristas de nuevo cuño.

Por todo ello, jueces y policías tienen que extremar al máximo las medidas de protección para acabar de una vez con estos depredadores que convierten la vida de sus víctimas en una tortura tal que la muerte, al final, puede acabar siendo una liberación. Porque si no lo hacen, si únicamente reaccionan ante la pena de telediario o la presión de las manifestaciones o de los medios de comunicación, llevan camino de convertirse en cooperadores necesarios.

Pd. Luego está lo de la ministra Irene Montero y su equipo. Que haya más de 163 condenados por agresiones sexuales que hayan visto rebajada su pena o hayan salido de la cárcel por la ley de 'solo sí es sí' y que en el Ministerio de Igualdad no sólo no haya nadie que asuma responsabilidades, sino que además su 'número dos’' se permite el lujo de burlarse del tema, retrata a quien se mofa y a quienes se carcajean a su alrededor, pero especialmente a quien se lo permite. Y me estoy refiriendo al presidente del Gobierno. Mientras Sánchez mira para otro lado, Andrea Fernández, secretaria de Igualdad del PSOE, ya ha dicho que esas palabras y esas risas "son injustificables" y que "no están a la altura de la responsabilidad de un cargo de tanta trascendencia, más si cabe en estos momentos. Debe rectificar".