Marta del Castillo

Marta del Castillo

EFEEva y Antonio, los padres de Marta del Castillo.

Hay días que la vida se te funde en negro y ya no hay vuelta atrás. La familia Castillo Casanueva sigue sin ver la luz desde el 24 de enero de hace ya 14 años cuando Marta, de 17, fue asesinada. Desde aquel día, la vida de sus padres, Eva y Antonio, amén de otros familiares, se ha convertido en una maldita sombra negra, alargada y macilenta que los aplasta y no solo por el crimen horrendo que acabó brutalmente con su hija sino también por la tragedia añadida de no saber dónde está su cuerpo, de no poder hablar con ella, de no poder tocar su nombre escrito...

Y cuando se acercan estas fechas, vuelve el calvario. Treinta y un años tendría ahora Marta. Catorce años que Miguel Carcaño, su asesino, condenado a 21 años y nueve meses, le arrancó de cuajo entonces. Porque cuando te matan no sólo te arrebatan la vida que has vivido hasta entonces, sino especialmente la que todavía te queda por vivir. Y a Marta del Castillo le quedaba toda la vida por vivir.

Desde aquel enero de 2009 y después de al menos siete versiones distintas por parte de su asesino se desconoce la ubicación de su cuerpo para desesperación de la familia. Demasiado tiempo sin vivir en sí ni él ni los suyos llevaron hace unos años a Antonio del Castillo a visitar en la cárcel al asesino de su pequeña. Incluso le dio la mano y rozó su piel y hasta se ofreció a regalarle un piso -el de la calle León XIII de Sevilla, el mismo en el que Marta fue golpeada hasta morir- si le decía dónde estaba el cuerpo. “Necesitamos recuperarla y enterrarla”, le dijo. Nada de nada.

Años antes, en 2011, ya había fracasado Eva Casanueva, su madre. Hizo de tripas corazón, se tragó la rabia y el orgullo, y le escribió a Carcaño suplicándose, rogándole, que le dijera el paradero de su hija. “Para llevarle flores el día de su cumpleaños y poder conversar con mi niña”, decía la misiva. Pero 14 años después sigue sin haber flores allá donde se encuentre el cadáver de la joven.

Como ciudadano me siento ligeramente avergonzado y abochornado de que ni las fuerzas de seguridad del Estado ni la Justicia hayan podido paliar el dolor de esta familia, hayan podido hacer su trabajo correctamente y averiguar dónde está enterrada. La familia ve una “mano negra” judicial –“siempre en contra y poniendo trabas”- detrás de tanta inoperancia y torpeza.

 

José Antonio Casanueva, abuelo de Marta del Castillo.

José Antonio Casanueva, abuelo de Marta del Castillo.

José Antonio Casanueva, 86 años, abuelo de Marta, tiene claro que “los jueces nos están matando en vida” pero que él no va a parar de intentarlo, que le queda poco pero que va a seguir adelante. “Moriré buscando a mi nieta, no voy a parar hasta que Dios me lleve”, señaló la pasada semana en una rueda de prensa en la que señaló a la Justicia por su incapacidad y por no hacer todo lo posible para encontrar el cadáver de su nieta. Destacando especialmente su aparente connivencia con los cuatro amigos de Carcaño ya juzgados y absueltos pero que, según la familia, sí que saben dónde está Marta.

Ea, mi niña, ea siguen musitando día tras día desde aquel 24 de enero de 2009 tanto Eva como Antonio como el resto de la familia, aunque nunca hayan leído el monumental Mortal y rosa de Francisco Umbral. Porque no hay paz que valga cuando la vida se lleva a tu hija por delante y además te la esconde. Y los Castillo Casanueva siguen viviendo a cuentagotas, de prestado, anclados en un túnel sin salida desde hace 14 años.

Ea, mi niña, ea porque la quieren tener nuevamente a su lado, saber dónde descansa, dónde encuentra finalmente la paz y el sosiego. Ea, mi niña, ea aunque para ello hayan intentado hasta vender su alma al diablo o, mejor dicho, a un vulgar y despreciable asesino que desde aquel 24 de enero de 2009 sigue rematando sin piedad a Marta del Castillo. Ea, mi niña, ea… 14 años ya.