Los girasoles

Activistas lanzan dos botes de sopa de tomate a Los girasoles de Van Gogh en la National Gallery de Londres

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Como un tomatazo en el corazón me sentó lo de Los girasoles de Van Gogh.

Me pregunto por qué me dolió tanto.

“¡No, por favor!”

Creo que eso fue lo que dije, y lo que pensé, al ver esta semana en las noticias a dos chicas muy jóvenes, casi unas niñas, con la cara enfurruñada de la vejez, lanzando botes de sopa de tomate a una de las obras de la maravillosa serie de “Los girasoles” que se exponía en la National Gallery de Londres.

Me pregunto por qué nos duele tanto la destrucción del Arte.

Es algo que siempre me he preguntado, ¿por qué lo amamos de esa manera?

¿Qué hay en la obra de Arte que no vemos en la Naturaleza?

Esto es algo que resulta más patente cuando se trata de árboles, o de hierba.

Podrá dar la vuelta al edificio la cola de cientos, miles de personas que se amontonan para mirar y admirar las obras de Monet, por poner un ejemplo, pero no veréis a nadie delante de los álamos que le sirvieron de modelo, o de los campos de hierba que se contemplan todavía hoy por el lugar donde los pintó, en Giverny.

Nadie.

Nos cuesta comprender que la verdadera obra de arte es la propia Naturaleza.

Es tal vez por ello por lo cual no apreciamos como deberíamos la Biodiversidad, esa paleta de colores y de formas infinitas, ¡tan artísticas!, que la propia Naturaleza nos ofrece.

Creo que ya he contado que hay quien piensa, incluso me lo han llegado a decir directamente, riéndose en mi cara, que un proyecto industrial no debería modificarse por unas mariposas, o por un gusano. La ignorancia es atrevida. No sabía mi interlocutor que lo que se protege no es tanto, o no sólo, a esas mariposas o a esos gusanos, que también, sino el hábitat irrepetible e irreproducible que revela su presencia.

Cuando se ataca a la Biodiversidad en nombre del cambio climático, se está cometiendo el mismo atentado que el de estas dos chicas lanzando latas de tomate contra “Los girasoles” en nombre del cambio climático.

Y es tal ya la utilización del cambio climático como excusa para la destrucción de la Biodiversidad que se está produciendo, aquí y ahora, en nuestros días, en nuestros Territorios, delante de nuestros ojos, tal grado de agresión, que hay quien empieza a plantearse ya, ¡menos mal!, que se debería llegar a algún Acuerdo como el de París, internacional, para salvaguardar la Biodiversidad de nuestro planeta.

Duele el tomatazo a Los girasoles.

Pero duele aún más el tomatazo a la Biodiversidad.

La Naturaleza es una obra de Arte que lleva la firma invisible del azar.

De Los girasoles, dicen que sólo se dañó el marco, porque tenía un cristal.

La Biodiversidad es mucho más frágil.

No hay seguridad.

No hay cristal.

Está desnuda y desasistida.

Como una obra de Arte, se podrá copiar, pero será imposible reproducirla.

Ni por el cambio climático, ni por ninguna otra razón, podemos consentir que se siga perdiendo, como si nada valiera, la Biodiversidad.

Sin tirar tomatazos, alguien debería comenzar a decirlo en voz alta.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.