Los aplausos de la SEMINCI

Sesión de la SEMINCI

SEMINCISesión de la SEMINCI

Tras la proyección, se produce un silencio que termina por llenarse de aplausos.

Son sólo unos segundos, como un respirar a oscuras, del público enmudecido, entendiendo de pronto lo que ha visto, para, de inmediato, romper con sus manos el silencio.

Te emociona.

O al menos a mí me emociona tanto entusiasmo por el cine.

Toda la ciudad de Valladolid es, durante estos días, como ya he leído en alguna parte, una ciudad de cine.

Se diría que es casi un decorado, de lo bonita que está, con sus galerías de madera y de hierro, con sus soportales, con la amplitud de su plaza de fachadas granates bajo el azul del cielo y el resplandor blanco de la Casa Consistorial, con su animación por las calles de personas que van y que vienen del cine, que hablan de cine, cuyo primer respirar tenía ya el aire de este Festival por la ciudad cuando nacieron casi todas ellas.

Sesenta y siete, ¡67!, ediciones ya de la SEMINCI, Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Tengo la suerte, y el honor, de ser este año parte del jurado de la Espiga Verde que otorgará este galardón a la mejor película de Medio Ambiente.

Estamos viendo estos días las mejores películas medioambientales de todo el mundo, que al final son las más humanas, porque es imposible ya contar una historia del Medio Ambiente sin el factor humano, que afecta ya a toda la Tierra.

A la felicidad de pasar los días viendo cine, se une este pasear por una ciudad tan animada, tan llena de bares, cafeterías y restaurantes donde se come de maravilla y te sientes como en casa cuando te ven con la acreditación colgada al cuello y aprecian que formas parte ya de la ciudad, porque ser de la SEMINCI, aunque sólo sea por unos días, es ser también de Valladolid, y de ese cosmopolitismo de esta muestra cinematográfica, y de esa voluntad de Cultura que se respira por toda la ciudad en la abundancia de escaparates de librerías y de museos por visitar.

Hoy nos acercamos a la Fundación Miguel Delibes con la remota esperanza de obtener un documento para mí muy querido y que contenía, nada más y nada menos, que unas cuantas palabras que Miguel Delibes me había enviado por fax el 27 de noviembre de 1998 para contestar a la pregunta que, para un artículo de ABC, le hice, también por fax, sobre las aves que estaba viendo esos días en sus paseos por el Campo Grande.

“En estos días gorriones, urracas, tórtolas turcas, grajillas, palomas, etc.”

Fdo. Miguel Delibes

Y fueron tan amables en la Fundación que no sólo me pude llevar una copia del documento, sino que también me enseñaron la máquina de escribir con la cual se redactó y que fuera el regalo de boda de la mujer de Delibes, pero que él no solía usar, sino que era su nuera, Pepi Caballero Casillas, quien mecanografiaba por aquel entonces lo que escribía; luego cabe colegir que la nota que me envió, también fue tecleada por ella, pero con firma manuscrita de Miguel Delibes.

Todavía me acuerdo cuando empecé yo a escribir.

Abría los libros de Delibes… ¿Cómo lo hará? ¿Cómo se empieza a escribir de la Naturaleza?

Me preguntaba.

Después entendí que no había que hacer nada.

Sólo pasear por el campo.

Y luego, ponerte a escribir.

Escribir cuando ya todo estaba escrito en la cabeza.

No son las manos las que escriben sino el pensamiento.

Creo que tampoco para el cine hay que salir a buscar las historias.

Son ellas las que nos encuentran para que escribamos.

Así empiezan tal vez las películas.

La primera proyección tiene lugar en el pensamiento de alguien, para luego ser miles de personas, las que, gracias a un gran equipo de profesionales del cine, vemos lo que vió.

Si se consigue, aplaudimos.

Eso es la SEMINCI.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.