Las orcas y el ladrido de los perros que navegan

EFE/SALVAMENTO MARÍTIMOOrcas junto a una embarcación de Salvamento Marítimo en la zona del Estrecho

Desde que las interacciones de las orcas con los veleros se suceden, siempre me he preguntado si tendría que ver que llevaran un perro a bordo.

En uno de los últimos “ataques”, que no está claro aún que lo sean pero que podrían serlo, se relata que en la embarcación iban cuatro tripulantes a bordo.

Y un perro.

Cuando comenzó todo esto, hará unos tres años, creo que incluso me fui a la zona donde pasaban por delante para grabar un pequeño video, las primeras interacciones con embarcaciones se habían producido con un perro a bordo.

Entre las normas de Salvamento Marítimo cuando los veleros solicitan auxilio porque un grupo de orcas, casi siempre adultos, macho, pueden ir varios machos y una hembra con algún juvenil y alguna cría, les están rodeando, les piden desde Salvamento que no sólo apaguen el motor, sino que se queden en silencio.

Que no haya ruido.

El vuelo de nuestras voces, al no haber nada sobre el horizonte que las detenga, es una de las cosas que siempre me ha llamado la atención al navegar; aunque, en mi caso, no se puede decir tal cosa, porque es raro que me aleje de la costa, nunca dejo de verla, pero sí, saliendo a pescar al calamar, en estos días otoñales en los que el mar se vuelve de estaño y flota una calma inusitada por el agua, sí recuerdo que, en ese silencio de los marineros, cada uno en su bote, en silencio con sus pensamientos… si alguno decía algo, aunque fuera para sí mismo, lo escuchábamos todos los de alrededor, y los de más allá, incluso las risas o los comentarios del número de calamares que se habían pescado, se escuchaban con total claridad, como si tuvieras a esas personas al lado, aunque las vieras de lejos.

Es el silencio, precisamente lo que más me gusta de la pesca.

Y esa manera de romperlo, al pasar un charrán, o un bote que regresa a puerto.

Las voces en el mar suenan a ladrido, por lo cual, si no se quiere que las orcas te oigan, hay que guardar silencio, pero ¿qué hacer con un perro a bordo?

¿Cómo hacer para que se calle ante una persecución de orcas?

O peor aún, cuándo incluso empujan la embarcación hasta ser las propias orcas las que controlan el rumbo… ¿cómo consigues que se calle un perro?

Al contrario, aumentarán los ruidos, pidiéndole a tu perro que no ladre.

¿Y a qué se parece el ladrido de un perro?

A los ladridos de una foca.

No sé ahora si ese sonido tendrá un nombre que desconozco, pero a mí siempre me ha sonado a ladrido de perro.

Y no hay más que ver las imágenes de los documentales de la BBC para darse cuenta de que el comportamiento de las orcas cuando cazan, en cooperación, una foca que está “a bordo” de un gran témpano de hielo, se parece mucho, creo que demasiado, a la técnica que están empleando ahora con los veleros que empujan, pero, en el caso del hielo, para terminar partiendo en pedazos el témpano y luego, una vez que la foca se ha quedado sin “bote”, aturdirla con las burbujas de sus respiración para, finalmente, cazarla y engullirla.

¿Habrá pasado algo parecido en Galicia con algún perro a bordo?

Porque ese comportamiento, tan repetido, no puede ser más que para obtener algún beneficio.

Hay dos razones por las que los animales trabajan: para obtener alimento, o para reproducirse.

Y en este caso pudieran ser razones tróficas, más que de juego, o de interacción, o de aprendizaje, las que estén detrás de más de 150 interacciones, el 20% de ellas con daño a la embarcación, en lo que va de año en el Estrecho, Portugal y Galicia.

Me gustaría disponer de más tiempo para leer en profundidad sobre este comportamiento adquirido.

Preparo en estos momentos un viaje a Chile, para intervenir, invitada por la Universidad Andrés Bello, en el Congreso Internacional de Cultura Científica, un país donde también se estudia el comportamiento de las orcas a través del CIFAMAC, el Centro de Investigación de Fauna Marina y Avistamiento de Cetáceos, pero más centrado en su relación con las pesquerías.

Recuerdo cuando pensábamos que, para ver las orcas, había que ir muy lejos; y ahora las tenemos aquí mismo, en Galicia.

Sé que no lo haré, porque no me atrevo, pero si quisiera ver las orcas no tendría más que alejarme un poco de la costa y llevar a mi perra a bordo.

Las tres cosas me dan miedo: llevar a Canela a bordo, alejarme de la costa y encontrarme con las orcas.

Pero quizás algún científico oceanógrafo, estudioso de estos magníficos, píos y preciosos delfínidos, se le ocurra considerarlo.

Por mi experiencia personal, los delfines mulares sí acuden cuando golpeo con mi mano la cubierta.

Tengo para mí que todo esto de las interacciones con las orcas, empezó con un sonido: los ladridos de un perro.

¡Guau!

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.