Las ocho montañas

Estufa de leña

PIXABAYEstufa de leña

No hace todavía frío para desbullar castañas.

Hay quien también le llama “bullar” a este quitar la cáscara a las castañas asadas.

No existe nombre para su olor, ni para su calor en las manos, haciendo saltar las castañas, de una a otra palma, hasta que, quemada, se va enfriando y, al fin, la probamos, y vuelve la infancia y los inviernos de antes.

Es como si el frío hubiera volado a otra parte, porque yo no recuerdo una víspera de difuntos tan cálida.

Está lloviendo, sí, pero llueve una lluvia monzónica, cálida, evanescente.

Hace un momento, me pareció verla incluso volar, como una vaharada de gotas finísimas, sobre el telón de fondo de unos robles que empiezan a enseñar ya algún pigmento de otoño, pero pocos, porque las hojas, para enrojecer, como las manos y la nariz, necesitan que haga más frío.

Aún así, he encendido la estufa.

Últimamente me parece que no he vuelto a casa si no la enciendo.

Hoy, además, le he puesto al lado un sillón de orejas tapizado con el lino que fuimos a buscar a una aldea de Orense, lino de verdad, del de los campos florecidos en verano de azul, el lino que se hiló girando en las ruecas, al amor de la lumbre.

Cuando apoyo la cabeza sobre esta tela tengo la misma impresión que si lo hiciera sobre un linar.

Algo de verdad, sin mezclas, puro lino auténtico.

No necesito más.

Un sillón y una estufa y una tarde por pasar.

De ahí que entendiera a la perfección la película “Las ocho montañas” que viera en Valladolid hace unos días y que se proyectará en breve en los cines.

No voy a adelantar nada, pero sí diré que entendí que alguien, teniendo libros y leña y papel, pudiera quedarse a vivir en una cabaña durante el invierno.

En realidad, tenía todo.

El café, el libro, el frío.

La estufa siempre encendida.

Y unas montañas, los Alpes, sin un solo macro aerogenerador.

¿A quién se le ocurriría tal cosa?

A un español, si los Alpes fueran españoles.

La falta de respeto por el paisaje es algo más español que la tortilla de patatas.

Lo demostramos en los años 60, construyendo rascacielos en primera línea de playa.

Sesenta años después, aquí siguen los mismos brutos y pícaros y codiciosos, sus descendientes, amparados por los que miran hacia otro lado como si no fuera con ellos la cosa, dispuestos en esta ocasión a dinamitar las montañas leonesas, gallegas y asturianas para convertir la Cordillera Cantábrica en un macro polígono industrial.

“Las ocho montañas”.

Una película ambientada en los Alpes de emoción contenida.

Lo nuestro, es de llorar.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.