El turista climático

Viajeros

EFEViajeros hacen fila para registrarse en un vuelo

Creo que ya dejé por aquí la palabra trashumar.

Cambiar de tierras o de lugar.

Y tengo para mí que la trashumancia humana, empujada por el frío, ya ha comenzado.

Nunca había visto la T-4 tan llena como el pasado domingo.

No se podía avanzar.

Recordaba la terminal del aeropuerto a una estación de autobuses en horas punta.

Es verdad que hay un puente en ciernes, pero ¿adónde va tanta gente?

Y ¿de dónde viene?

Muchas de esas personas, no hablaban español; luego, colegí, podría tratarse de lo que ha venido en llamarse “turistas climáticos” a quienes les compensa económicamente trashumar, cambiar de lugar, antes que quedarse en casa, dado los precios de la energía.

Para los países de los que salen, será un importante ahorro.

Yo también he llegado a esa conclusión: lo que más cuesta, es quedarse en casa.

Hasta hace muy poco, se solía decir lo contrario, que era salir de casa y ya se estaba gastando.

Ahora es al revés.

Empieza a costar más hacer la compra que comer cualquier cosa en un restaurante.

Si echamos bien la cuenta del gasto en alimentación y la energía necesaria para cocinarla, el consumo de la nevera y del lavaplatos, además del agua, empieza salir más a cuenta comer fuera, cuando son pocas personas las que hay dentro de la casa.

Otra cosa es que, como en casa, en ningún sitio.

Pero eso no quita para pensar que habrá meses en los cuales, lo más caro, será quedarse.

Nuestros vecinos europeos del norte parecen haberse dado cuenta antes que nosotros, y ya han hecho las maletas y empezado a llenar nuestros aeropuertos.

El turismo de invierno español seguramente bata en 2023 todos los records.

Y habrá que hacerles sitio, a miles y miles de personas trashumantes como las ovejas, y a la vez echar las cuentas de lo que supondrá para nuestros propios recursos, porque, de un lado, habrá ingresos económicos y de otro; más gasto energético y de agua.

Aquellos lugares de España donde no hiele en invierno están de enhorabuena.

A lo mejor son los lugares peor preparados para el frío, pero será allí adonde vayan los turistas climáticos de toda Europa, como una fuga de tempero de avefrías.

Es curioso como, igual que los frutos, vamos regresando a la tierra.

Como las flores, hasta hace nada, alzábamos la cabeza por encima de todo, pensando que los recursos de la Tierra eran infinitos.

Creyendo a pies juntillas que el ser humano había logrado, gracias a su ingenio, independizarse de las inclemencias climáticas.

Pero, con la madurez de la civilización, llega ahora esta vuelta a la realidad, de nuestra fragilidad de nuevo, constatando que no queremos pasar frío.

Y si, donde vivimos, mantener la casa caliente, se vuelve misión imposible, emprenderemos el vuelo como las golondrinas de las cuales Aristóteles dedujo que se enterraban en el cieno de las lagunas, al observarlas beber en grandes bandadas antes de marcharse, llegando incluso a pedir a los pescadores que tuvieran cuidado con ellas al echar las redes.

No sabía el sabio que las golondrinas ya estaban en África, comiendo insectos en la calidez del aire.

No es el frío exactamente lo que provoca las migraciones, sino la falta de alimento que trae el frío.

Además de estas razones tróficas, de alimentación, también son las razones sexuales, de reproducción, las que mueven por el mundo a las especies.

Nosotros hemos incorporado ahora una tercera razón para migrar: no queremos pasar frío en invierno.

Y antes que caer en la vejez eterna de las pantuflas y de la bata de los Pirineos, emprenderemos el vuelo adonde sea, sin rumbo fijo, hacia la tibieza del aire gratuita.

Una de mis películas preferidas es “El turista accidental” de Lawrence Kasdan, protagonizada magistralmente por William Hurt y sus hermanas en la ficción, además de Geena Davis y Kathleen Turner.

Escribía el silencioso Macon Lear consejos en unas guías sobre cómo viajar para no ser molestado en el avión, o qué llevar en la maleta.

El turista climático también podría dar para una película.

No estamos donde están nuestros pies, sino el pensamiento.

Pero ¡cuánto hará cambiar a tantas personas esta mudanza de lugar durante el invierno!

Yo ya soy otra, pensando en ello.

Como una golondrina, ya vuelo.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.