Legislar sin calidad, equivale a fracasar

La ministra de Igualdad, Irene Montero,

EFELa ministra de Igualdad, Irene Montero

No por mucho madrugar amanece más temprano; reza un refrán clásico de la literatura del siglo de oro. Sirve para sostener por semejanza que no por mucho legislar se hacen mejores leyes. Este gobierno (también el anterior encabezado por Rajoy) es pródigo en legislar, les parece fácil, lo hacen con urgencia (preferentemente por decreto o por iniciativa legislativa que evite informe previos) y así imaginan que cambian el mundo para imponer sus creencias.

El caso de la semana viene con las primeras sentencias de rectificación de condenas previas en aplicación del principio de reducir penas por cambio de legislación favorable al penando. Son consecuencias no buscadas, pero merecidas, por la baja calidad de leyes fabricadas con urgencia y apasionamiento. La llamada ley del “no es no... solo sí es sí”, destinada a encarecer los delitos sexuales, está consiguiendo un resultado contrario al deseado.

Este resultado no supone una sorpresa, se había advertido por no pocos especialistas e informes fundados, que la redacción de la ley tenía agujeros y contradicciones. Y así ha ocurrido, abogados diligentes han reclamado en favor de sus clientes para reducir condenas a la vista de la nueva ley. Y los jueces (no uno ni dos) atienden las reclamaciones porque así lo fija la nueva ley. En resumen un fracaso que acredita baja calidad legislativa.

No se trata de un caso excepcional, la abundante legislación de los últimos años ha requerido no pocas correcciones posteriores con distintos disfraces, incluidas sentencias de inconstitucionalidad. Y nadie se ha dado por aludido ni se ha esmerado en la técnica jurídica y en la evaluación de las consecuencias.

En este caso no cabe culpar a los patrocinadores de la ley, al grupo Podemos, sino a todos los parlamentarios que dieron su voto favorable a un texto deficiente. Es probable que no pocos de los que dieron el SÍ no supieran bien qué votaban ni sus consecuencias, lo cual debería advertir que hay que estudiar más y mejor.

Más grave es la respuesta de los promotores (dirigentes de Podemos con cargos públicos relevantes) que en vez de reflexionar sobre lo ocurrido han decidido que son los jueces (machistas, reaccionarios...) los que dinamitan la ley y conspiran contra la justicia. Disparate superlativo que explica que de aquellos barros (incompetencia legislativas) vienen estos lodos (malestar social y descrédito). Cuidar la calidad legislativa significa defender la Constitución y reforzar la democracia. No es eso lo que ocurre.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.