Libertad de expresión

ARCO 2018

La retirada en ARCO de la colección de fotos borrosas de políticos catalanes que están en prisión preventiva como los presuntos dirigentes del golpe de Estado catalán ha sido un claro error. El que además ha provocado un justo revuelo político y social que dio a la obra de Santiago Sierra (24 fotografías pixeladas y ya vendidas por 80.000 euros) una mayor notoriedad.
Estos hechos coinciden con otras actuaciones judiciales (y duras condenas) contra raperos y tuiteros que han proferido amenazas de muerte, insultos y difundido mensajes de hasta apología del terrorismo o mofa de las víctimas de ETA y GRAPO.
El límite de la libertad de expresión es una delgada línea roja que debería de separar lo que debe considerarse delito y lo que puede ser una falta. Y el límite está en el supremo derecho a la vida, de ahí que los comentarios con  amenazas de muerte, apología del terrorismo y mofa de víctimas del terror son de todo punto inadmisibles y entran en el ámbito del Código Penal.
Ahora bien, la crítica a los gobernantes por acerada y brutal que sea, o a las costumbres, confesiones religiosas, vida pública etcétera se deben ubicar en el terreno de las faltas, salvo que en esas actuaciones se incluyan calumnias que afecten al honor de las personas.
Ahora bien ¿qué ocurre en el debate político, por ejemplo, con la apología del nazismo que está penada en algunos países? El PSOE, por ejemplo,  pretende ahora castigar con cárcel la apología del franquismo, por un lado, por otro favorece la apología del golpismo en Cataluña y desde la izquierda no se incluye al represor régimen comunista de Stalin entre las ideologías rechazables. Aquí sí que debe primar la libertad de expresión por encima de todo lo demás.
Aunque en España, donde se puso en marcha una ejemplar reconciliación nacional al final de la dictadura y al inicio de la Transición, se debería evitar el inútil regreso al pasado de las ‘dos Españas’ porque en la Historia están y porque las nuevas generaciones son ajenas a esos tiempos tan violentos y tan oscuros de ruptura nacional que nunca se deben olvidar pero tampoco convertir en cuestión de permanente actualidad.
Sobre todo cuando son tantos y tan graves los problemas que en este tiempo, cambiante y trepidante, tiene planteados la sociedad española y nuestras nuevas generaciones de manera muy especial.