La infancia herida por el machismo criminal

La infancia herida por el machismo criminal

PIXABAYViolencia de género

Rubén iba creciendo; a sus 10 años ya era consciente de la tragedia que se vivía en su casa. El miedo formaba parte de su cotidianeidad, la angustia y la incertidumbre eran su compañía habitual. También el silencio, sólo quebrado por los golpes de su padre y el llanto de su madre. Rubén no se lo había contado nunca a nadie. Desde que su hermano mayor se fue de casa tras una pelea violenta con su padre, Rubén era el único testigo del permanente pánico y del dolor de su madre.

El niño, acurrucado en su cama en las noches de gritos y violencia, sabía que cualquier día ocurriría. Y ocurrió; su padre acabó con la vida de su madre y a él se lo llevaron de casa los servicios sociales. Entonces empezó otro drama, el de seguir viviendo sin ella; la única persona que le había abrazado, besado y consolado entre sus propias lágrimas y sobre todas sus heridas.

El hermano mayor vino a buscarle. Para Rubén iba a significar dejarlo todo; su cuarto, sus juegos, su colegio, sus amigos, la ciudad en la que había vivido hasta entonces y los fragmentos de recuerdo de un tiempo en el que mama estaba todavía allí. Ahora Rubén tiene mucho más miedo que antes.

Su hermano estaba estudiando y hacía trabajos esporádicos para ganarse la vida. ¿Cómo iba ocuparse de Rubén? Ambos estaban rotos por dentro, seguramente para siempre.

Hasta diciembre de este año que acaba 40 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas y 26 niños y niñas han perdido a sus madres a causa del machismo criminal. Es difícil imaginar mayor desamparo que el de esos menores que quedan huérfanos por un hecho tan atroz. Al inmenso dolor de estos niños y niñas hay que añadir las dificultades económicas que la familia que los acoge debe enfrentar en muchas ocasiones. Las abuelas o las tías maternas, cuando existen, o algún otro pariente se hacen cargo de ellos y comienza, entonces, un calvario administrativo para que les sea reconocida la orfandad basada en su condición de víctimas directas de violencia de género. Los menores, muy traumatizados, necesitarán además una atención sicológica por el momento claramente insuficiente en nuestro país. A veces deben cambiar de colegio, conseguir la exención de tasas en la Universidad, alejarse del entorno paterno -cuando el padre ha sido el asesino- y un largo etcétera de caminos difíciles en un momento de gran estrés para la familia.

Falta mucha información, no sólo para las familias también para los profesionales ya sean de los servicios sociales, los juzgados, los colegios. No disponemos de protocolos unificados que actúen como guía para descargar a las víctimas de más angustia de la que ya sufren.

Promovida por el Fondo de Becas Soledad Cazorla de la Fundación Mujeres, en marzo de 2019 entró en vigor la ley para la mejora de la situación de orfandad de las hijas e hijos de víctimas de violencia de género. La norma supone la creación de una prestación de orfandad para los casos en que los huérfanos no tuvieran derecho a una pensión, porque sus madres no cumpliesen los requisitos para su devengo en el momento de su fallecimiento. También se incorporó a la ley el incremento de las pensiones de orfandad para los huérfanos que ya las estuviesen percibiendo.

Es un primer paso pero queda aún un largo camino legislativo, político y social para un verdadero reconocimiento del drama que han atravesado estos niños, niñas y jóvenes así como para la reparación del daño enorme que han sufrido.

Las noticias acaban siempre con los minutos de silencio por las mujeres asesinadas. Pero, inmediatamente después, debemos romper el silencio para escuchar sus voces, las de las víctimas directas de la tragedia. Habrán perdido a su madre para siempre pero tienen toda la vida por delante. Para ellos y ellas, nuestro cariño y nuestra solidaridad.