Gobiernos y prensa, muy incompatibles

Isabel Rodriguez

EFEIsabel Rodríguez durante la rueda de prensa posterior a la reunión semanal del Consejo de Ministros

La ministra portavoz ha sugerido que los medios de comunicación reserven algunos espacios para lo que podríamos llamar “información oficial” facilitada por el gobierno; por supuesto como servicio de utilidad para el ciudadano. No es nuevo, es una ocurrencia típica y tópica de los políticos con cargo público que tienden a considerar el periodismo como una molestia (un cardo en el pantalón, en desdeñosa expresión del general De Gaulle). La propuesta de la portavoz carece de recorrido, es una anécdota más, un indicativo de su pensamiento poco educado en lo que es la separación de poderes, el control público, y la función de los medios.

Uno de los problemas serios del periodismo actual nace de la concupiscencia (apetito desordenado) con la política, de ese extraño maridaje entre políticos y periodistas que confunden sus intereses en un ejercicio de recíproca utilización y manipulación.

La preferencia de los políticos en los medios es desproporcionada, tienen vara alta para ocupar espacio en cuanto abren la boca. No importa lo que digan, forman parte de la agenda diario y salen como si fuera obligatorio. Salen incluso para no decir nada interesante, especialmente para los ciudadanos, que son los clientes objetivos de los medios.

Una actitud más crítica y distante de los periodistas respecto a los políticos haría mucho bien a ambos. A los medios les acercaría a los ciudadanos y a los políticos les serviría como señal para esmerarse en sus explicaciones. El compadreo de periodistas y políticos animados a ser fuente (o charco) de información no ayuda a ninguna de las partes, les empuja hacia el alejamiento de la profesionalidad y la virtud.

La sugerencia de la portavoz no pasa de ocurrencia ingenua, tanto que ha sido relativizada de inmediato; no quería decir lo que ha dicho sin darse cuenta, aunque lo piense porque no siente el cariño y la atención que cree merecer. Cuando la primera enmienda de la Constitución (uno de los sillares de la libertad de información) dice que los asuntos de la prensa (y de la religión) no son legislables, deben quedar lejos de la larga mano de los gobiernos, expone un concepto capital. Que el periodismo haga su trabajo y la política el suyo sin mezcla de intereses, porque son contrapuestos. DY de esa tensión la democracia sale mejorada. Cada cual por su acera y sin cruzarse, para cuidar su virtud y credibilidad.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.