Gina Lollobrigida y yo parimos a Sofía Mazagatos

Gina Lollobrigida y yo parimos a Sofía Mazagatos

EFELa actriz italiana Gina Lollobrigida, en una imagen del 2013.

Conocí a La Lollo, la primera bomba sexual europea de la postguerra, una noche sin vino hace ya varias décadas en la Coruña. Mis amigas Parra, metidas en la cocina de la elección de Miss España, me habían invitado a ser Presidente del Jurado que proclamaba a la ganadora. Acepté con gusto más aún sabiendo que la Vicepresidenta sería mi admirada Gina de años atrás.

La italiana no había arrollado como actriz. Los exquisitos de la época sostenían que el trampolín de su fama había sido su cuello y el inicio de su escote y sus compatriotas piropeaban su “busto provocante” ; repetían que Lollobrigida era lo mejor que habían descubierto desde la invención de los spaghettis. Yo la encontraba en sus films razonablemente convincente aunque claro está que me influía su belleza, su envidiable cintura, la picardía y lozanía de su sonrisa en “Pan, amor y fantasía”, la vulnerabilidad de su llanto frente al chulo Vittorio Gassmann en “La mujer más guapa del mundo”… y “lo provocante”, también, para qué lo voy a negar. No olvido, con todo, que la sesuda “Cahiers du cinema”, mensaje para los exigentes criticones, había escrito que en varias películas había mostrado un talento sensible como actriz.

La Lollo, al inicio de sus sesenta, en la Coruña, seguía con su piropeable sonrisa, iba elegantona, parecía conocer España, había rodado aquí varias veces, y resultaba evidente que tenía una enorme simpatía por nuestro país. Casi todo parecía caerle bien: nuestra comida, nuestra espontaneidad, la naturalidad, la caballerosidad de los españoles, le hacía tilín que tuviéramos sentido del humor … todo y parecía sincera. Incluso me dijo lamentar que su hijo no se ennoviara en serio con una mis España, una bella andaluza cuyo nombre no recuerdo. Me lo contaba con evidente pesar.

Sugestiva, me aduló diciéndome sin afectación que estaba segura de que yo, con mi cultura y conocimiento por estar placeado en el extranjero, sería el presidente adecuado para que el jurado escogiera la joven de mejor palmito y saber estar. Le gustó verme con capa.

Iniciados los desfiles y las entrevistas, en que pasó al francés para mantener la complicidad y hablarme sin tapujos, “ésta no sabe moverse en público”, “aquella me ha dado una pobre impresión en sus respuestas, una miss no puede ser muy inculta porque te deja mal”, todo transcurrió plácidamente por derroteros de consenso en un jurado serio en el que creo recordar también estaban Luis María Anson, la esposa del baloncestista Luyck, etc…

La complicidad se rompió parcialmente en la última pasarela porque Gina estaba empeñada en que la estatura era un elemento vital y aquella por la que nos inclinábamos los del jurado, Sofía Mazagatos, no tenía, creía, la adecuada. En un momento determinado me llevó aparte y me espetó : “Mazagatos, sí, sí, es bella, pero usted como diplomático debe darse cuenta de que luego en un certamen internacional llaman la atención las que son algo más altas”.

Pronto se percató de que ni el jurado ni yo abandonábamos a nuestra candidata. Muy educadamente plegó velas e hizo votos entusiastas conmigo brindando por el éxito internacional de Mazagatos. Ya debía sentirse la madre de la agraciada ganadora.

Al despedirnos repitió que deseaba suerte a la ragazza que habíamos votado, en los concursos pasan cosas raras, me insinuó, alabó de nuevo mi gesto de llevar capa y soltó sonriendo un “viva, ¡brava España!”.

Más tarde leí en un “Film Flame” atrasado que la Lollo era una “joven introvertida, segura de sí misma a la que nunca ha dominado el ansia de gustar, nunca ha hecho concesiones para ganar el aprecio de las personas”.

Tal vez lo fuera, a mi me gustó, pero así fue como Gina y un servidor concebimos en dos agradables y excitantes veladas a Sofía Mazagatos (con ayuda de otros).

Sobre el autor de esta publicación

Inocencio Arias

Andaluz, es un veterano diplomático con más de cuarenta años en la profesión y que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio de Exteriores con los tres gobiernos anteriores de la democracia.

Ha sido, curiosamente, Portavoz Oficial del Ministerio con la UCD, el PSOE y el PP amén de Secretario de Estado de Cooperación (segundo cargo del Ministerio) con el PSOE de F. Gonzalez y Embajador en la Onu con el PP de Aznar, etc.

Fue durante dos años Director General del Real Madrid. Ha sido profesor en la Complutense y en la Carlos III.

Ha colaborado profusamente en varias publicaciones, radio… y publicado tres libros: “Tres mitos del Real Madrid”( Plaza y Janés), ”Confesiones de un diplomático”(Planeta) y recientemente con Eva Celada “La trastienda de la diplomacia” (Plaza Janés) que ha agotado en poco tiempo tres ediciones.

Es seguidor del Real Madrid y forofo de Chejov, Mozart y Di Stéfano.