Ossorio: sucio, obsceno, canallesco

Enrique Ossorio e Isabel Díaz Ayuso.

EFEEnrique Ossorio e Isabel Díaz Ayuso.

Lo de Ossorio fue sucio, obsceno y canallesco. Así de rotundo soy porque a veces es necesario llamar a las cosas por su nombre para dejar las posiciones claras desde el principio. Otros son más educados y comedidos: “Hace falta ser mala persona”, han declarado, indignados y con toda la razón, algunos familiares de los miles de fallecidos en las residencias de la Comunidad de Madrid durante la primera ola de la pandemia, -se habla de más de 7.000- poco después de que este miércoles el citado Enrique Ossorio, vicepresidente autonómico y mano derecha de Isabel Díaz Ayuso, dijera que no ve necesaria una comisión de investigación sobre lo sucedido "porque las familias ya han superado sus muertes”.

Ignoro en qué se ha basado Ossorio para aseverar tan rotundamente que los familiares de estas más de 7.000 víctimas han superado ya la tragedia que supuso no sólo las muertes de los suyos, sino que estas se produjeran de una forma tan cruel y terrorífica: abandonados a su suerte, sentenciados a no poder ser trasladados a centros médicos para intentar salvar sus vidas, sin cuidados paliativos y solos, completamente solos, en sus habitaciones, que incluso antes de fallecer ya se habían convertido en ataúdes.

Ataúdes a los que muchos de ellos fueron condenados en vida después de activar el Gobierno de Díaz Ayuso unos controvertidos protocolos que prohibían su derivación a ningún hospital, cerrándoles de golpe y por decreto la puerta a cualquier posibilidad, por mínima que fuera, de salvación. Protocolos de los que se habla mucho y bien en Morirán de forma indigna, (Los libros del KO) de Alberto Reyero, exconsejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid, que abandonó a Díaz Ayuso y salió corriendo por estar en total desacuerdo con la actuación del Gobierno regional en las residencias de Madrid. Ossorio, en la mismas y desafortunadas declaraciones, señaló, quizá respondiendo a su antiguo compañero de Gobierno, quizá colocándose la venda antes que la herida, que no es necesario lanzar el "mensaje falso" de que las muertes se pudieron evitar.

Sin embargo, no pretendo entrar en el debate de los citados protocolos -la Justicia ha archivado hasta el momento todas las denuncias en Madrid y en el resto de España- porque nos perderíamos en cuestiones que, aún siendo importantes a la vez que interpretables, nos alejarían de las lamentables palabras del vicepresidente Ossorio.

No estoy capacitado para juzgar si la decisión del Gobierno de Díaz Ayuso fue acertada o no, pero de entrada siempre estoy a favor -todos deberían estarlo- de que se investigue cualquier decisión política, la pida el partido que la pida y la sufra quien la sufra, que como la que nos ocupa haya podido tener alguna responsabilidad, por mínima que fuera, sobre 6.000 muertes.

Pero sí creo estarlo para destacar que la intervención de Ossorio raya lo inhumano, lo perverso y lo cutre, expresión esta última que ha utilizado el propio vicepresidente este jueves, para tratar de contrarrestar los ataques y la petición de dimisión por parte de la oposición por su desafortunada verborrea, lo que ha provocado en la Asamblea de Madrid una lamentable algarabía. Además, estas declaraciones del 'número 2' de la Comunidad de Madrid ponen de manifiesto algo que ya intuíamos: que nuestros políticos son mucho menos inteligentes de lo que ellos se creen.

No se puede ningunear ni menospreciar ni la muerte de 6.000 personas, ni el sufrimiento de sus familias, ni la dificultad intrínseca que encierra para estos olvidar lo que a veces resulta sencillamente imborrable. Y no es de recibo que un representante público, elegido y pagado por los ciudadanos, se ponga exquisito y pretenda decirles a los que siguen sufriendo, que el tiempo ha pasado e insinuando que ya está bien, que no es para tanto. Si tuviera un solo gramo de dignidad, Enrique Ossorio debería dimitir, pero ni la tiene ni por supuesto lo hará. Nadie lo hace en este país.

No deja de ser chocante, además, esta llamada al olvido que hace el PP o esta acusación que lanza contra la oposición de Madrid por pretender hacer campaña electoral, que no es descartable, con la pandemia. Pero resulta sorprendente que lo diga el PP, que no hay día que no quieran destacar, de Algeciras a Estambul, la importancia de hacer justicia a los asesinados por ETA, de reprochar al Gobierno central su entreguismo a Bildu o de hacer electoralismo barato con el terrorismo por activa y por pasiva. Justicia y dignidad que por supuesto merecen todas las victimas etarras, ya lo creo y no hay que olvidarse jamás de ellas, pero que escuchando a Ossorio no parecen merecer estos 6.000 muertos de las residencias de Madrid.

Partiendo de la base de que no pretendo en ningún caso entablar paralelismo alguno, no hay que olvidar que todos los muertos son iguales y para cada uno de sus familiares el suyo es el único, el más importante: haya muerto de un disparo en la cabeza o de forma indigna, como escribe Reyero, recluido en una residencia, atado a la pata de la cama, sin posibilidad de salvación.