Mismos perros, misma ley

Mismos perros, misma ley

Mismos perros, misma ley. Es el mantra y lo hago mío. Yo también he firmado NO a la enmienda del PSOE que excluye a los perros de caza de la futura Ley de Protección Animal. Soy pesimista. Pedro Sánchez puede contar con poderosos aliados como Vox o PP, o con los dos incluso, para sacar adelante tamaña ignominia. Puede suceder que lo que jamás se ha unido lo acabe logrando ahora algo tan inmoral como que no todos los animales de compañía sean iguales ante la ley. Y únicamente -y esto convierte la medida en algo más despreciable si cabe- en función de los intereses económicos y políticos que detrás de la caza existen en determinadas autonomías gobernadas por socialistas y populares.

Fue Leonardo Da Vinci quien dejó escrito que ojalá llegue un día en el que acabemos viendo el asesinato de animales como ahora vemos el asesinato de hombres. Recordé esta frase cuando el Ministerio de Derechos Sociales presentó esta Ley de Protección Animal en octubre del pasado año y escribí que si bien la nueva normativa no llegaba a tanto sí que estaba en el buen camino. Me equivoque.

El PSOE pretende crear, para justificar lo injustificable, una nueva definición para los perros que no viven dentro de los domicilios. Con esta nueva definición dichos perros, los del negocio de la caza, por ejemplo y para hablar claro, perderán el estatus jurídico de animales de compañía y pasarán a ser animales de producción. De hecho, en la enmienda registrada se han apoyado para argumentarla en una ley de 2007 para el cuidado de los animales, su explotación, transporte, experimentación y sacrificio. Una ley destinada a los animales de granja y consumo.

Puede suceder algo tan kafkiano como que un perro de caza, mientras esté en manos de un cazador no esté protegido por la ley y que, cuando éste lo abandone después de haberlo matado de hambre, y pueda ser adoptado por otra persona para llevarlo a su domicilio, sí que lo esté. Con esta enmienda, el PSOE lo abandona cuando más auxilio necesita y lo protege cuando, a priori, más cuidados y protección tiene.

La ley, que ahora se debate y está en serio peligro de quedar desnaturalizada, debería establecer, como exige Bruselas, el estatus de animales de compañía a todos los perros y gatos, aunque no estén en los domicilios ya que en ningún caso pueden ser catalogados como animales de producción y ser consumidos, argumentan el sinfín de asociaciones animalistas que tratan de frenar el despropósito.

“Nuestra relación con los animales es un espejo que nos muestra en qué nos hemos convertido con el paso de los tiempos. En el espejo no solo aparecen los horrores cometidos por nuestra especie al explotar a otros seres sensibles, sino el rostro macilento de una sociedad que está perdiendo su alma”. Así arranca Manifiesto animalista, de Corine Pelluchon, un libro que nos muestra el debate que deben acometer las sociedades llamemos avanzadas y que nos anima a no permanecer impávidos ante el sufrimiento de los animales. Un texto que señala que la violencia contra ellos es un ataque directo a nuestra humanidad y que entre líneas pretende inculcar que luchar contra este maltrato es rebelarse contra una sociedad basada en la explotación.

Es indudable que a lo largo de los últimos años han aumentado los niveles de sensibilización de la sociedad española en todo lo relacionado con el maltrato animal; pero también lo es, y sólo hay que seguir los medios de comunicación, algunas sentencias judiciales o atender las denuncias que a través de las redes sociales hacen un buen número de organizaciones y hasta los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que el hombre sigue siendo capaz de lo peor y que todavía queda mucho por hacer.

Miles de galgos son abandonados a su suerte cada año en España.

Miles de galgos son abandonados a su suerte cada año en España.

Hablamos de animales y de animales. De animales como esos galgos -miles de ellos son abandonados a su suerte cada año en España cuando dejan de ser útiles- que durante las épocas de caza hacen su trabajo con devoción para gozo y disfrute de sus amos; y de animales como los dueños de estos últimos -una minoría si se quiere, pero a la que hay que señalar y perseguir con la ley en la mano- que cuando se acaban los disparos los abandonan a su suerte y a su muerte y si no sobreviven qué se le va a hacer y si lo hacen, muy bien y hasta la próxima temporada. Lo que no podíamos imaginar es que el Gobierno de nuestra nación se iba a poner del lado de los peores animales.

“Quien desprecia la vida hasta el punto de maltratar o abandonar a un animal, habitualmente también despliega su instinto agresivo contra una mujer, los hijos, ancianos, vecinos u otros ciudadanos a los que considera inferiores”, escribió en una sentencia la juez Pilar de Lara cuando impuso, por primera vez en nuestro país, a Eva y Carmelo, unos fulanos que tiraron por la ventana a su perra porque ladraba mucho, una orden de alejamiento de 150 metros para que no volvieran acercarse a Katalina, que así se llamaba el animal, en su puta vida.

La magistrada fue más allá y en su auto, que debería ser de lectura obligada en las escuelas españolas, añadió que “anualmente miles de animales son maltratados y abandonados, en ocasiones sometidos a actos de extraordinaria crueldad, mutilaciones, sacrificios innecesarios, inanición o condiciones higiénicas deleznables o simplemente son exterminados, torturados, extenuados o desechados por inservibles”.

Todo esto de lo que habla la juez De Lara le puede pasar a esos perros que la enmienda del PSOE desprecia  y condena a una muerte casi segura o a una vida de maltrato y crueldad permanente. Si sale adelante, como por desgracia parece, permitirá a los cazadores criar y sacrificar animales a su antojo sin ningún tipo de control, dicen las asociaciones animalistas, y supone un agravio comparativo y una vulneración de la Constitución al beneficiar a los cazadores y librarles de las obligaciones y gastos que con respecto a los animales de compañía tiene el resto de la ciudadanía. “Esta enmienda -señalan los animalistas- no supone un ‘mejor poco que nada’, supone quitar la protección que ya existe en diferentes leyes autonómicas”.

No deja de escandalizar el trasfondo económico que se adivina tras esta decisión del PSOE. Además del universo de la caza, las aves de cetrería también están fuera de la ley y hasta el tiro de pichón, por ejemplo, ya saben ese noble deporte de meter un pichón por un tubo y lanzarlo al aire para que le disparen como si fuera un plato.

“La ocasión se presenta con un cúmulo de dificultades y debemos elevarnos a la altura de la ocasión […]. Conciudadanos, no podemos escapar de la historia […]. La línea a seguir es clara, pacífica, generosa, justa”, dijo Abraham Lincoln en su mensaje anual al Congreso el 1 de diciembre de 1862. Hablaba de la esclavitud.

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Partes de este artículo se pueden leer en otro que ya publiqué en 20 Minutos, con el título De animales y de animales, el 15 de octubre del pasado año,