Kira

Kira

Change.orgJosé Manuel López con su hija Kira en una imagen que encabeza la recogida de firmas en change.org

Hay historias que uno preferiría no tener que escribir, y que ustedes, seguro, desearían no tener que leer. Hablo de la historia de Kira, una muchacha de sólo 15 años que se quitó la vida porque el colegio en el que estudiaba no supo protegerla: porque la dejaron abandonada a su suerte, porque miraron para otro lado, porque la actuación de algunos docentes dejó mucho que desear, porque no le hicieron el caso debido, porque no vieron o no quisieron ver todas las señales de auxilio que poco a poco fue emitiendo antes del brutal desenlace.

Llegué a Kira a finales de mayo cuando por casualidad leí un tuit de su padre sin saber muy bien de qué iba la historia. Entonces tiré del hilo y me encontré esto: “Hoy hace un año del peor día de mi vida. El 19 de mayo de 2021 nuestra única hija, Kira, que sólo tenía 15 años, se suicidó… La noche anterior me abrazó y me dijo que me quería mucho y que era el mejor papi del mundo. Esa fue su forma de despedirse… Ahora lo sé… Cada día me pregunto por qué…”

José Manuel, el padre de Kira, y María José, la madre, lo tienen claro: el bulliyng mató a su pequeña; el acoso escolar que venía sufriendo en el colegio Padre Manyanet de Sant Andreu, en Barcelona, provocó que ese fatídico 19 de mayo de 2021 cuando salió de su casa eligiera no llegar ni tan siquiera a la calle y sí subir a la azotea del edificio para tirarse al vacío. “Saltó para no ir al colegio”, afirma el padre.

El colegio no habla de tema. Ni quiere ni ha querido jamás saber nada de ese tema hasta que se ha judicializado. Aun así, sigue sin darse por aludido, no se siente concernido ni responsable de nada y no cree que tuviera que activar ningún protocolo porque todo estaba bien. Los padres se han querellado contra el Manyanet, los Mossos d’Escuadra investigan lo sucedido -todavía tienen el ordenador de la pequeña- y la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona se han personado en el caso.

Además, Rafael Ribó, sindic de greuges, concluyó en diciembre pasado que la joven sufrió acoso escolar en el centro y que el colegio no supo detectarlo a tiempo; Ribó añadió que se deberían revisar e investigar en su caso todos los procedimientos del Manyanet, así como la comunicación que la dirección del citado centro mantuvo con la familia.

El día que se cumplió el primer aniversario de la muerte de Kira, José Manuel López quiso homenajearla poniendo en marcha, a través de la plataforma ciudadana Change.org, una petición al Ministerio de Educación para activar un protocolo nacional contra el acoso escolar. “El bullying no es cosa de niños”, se puede leer en la presentación. “Mi hija no se ha podido salvar, pero otras y otros pueden hacerlo”, afirma.

“Hemos demandado al colegio”, dice el padre de Kira. “Nadie la empujó, pero yo lo responsabilizo porque de una manera u otra le quitaron las ganas de vivir”. Y añade: “Qué iba a suceder ese día en la escuela o qué había sucedido los días anteriores que la llevó a tomar esa terrible decisión”.

“No hemos demandado a ningún alumno”, añade, “sólo a docentes: a un profesor que presuntamente la amenazó y le provocó un ataque de ansiedad, a una profesora que parece que la maltrató y a otro docente de religión que tuvo con ella un acercamiento no apropiado…”

El colegio siempre ha optado por el silencio y por proteger hasta la exageración a sus trabajadores. Actúa, dicen sus padres, como si realmente Kira no se hubiera suicidado, como si su fallecimiento hubiera sido por un accidente cualquiera y ellos fueran ajenos a todo esto. Sólo abordaron la muerte de la pequeña en sus publicaciones cuando el tema saltó a los medios y en el centro no tuvieron más remedio que hablar de ello… quince días después de que suicidara. “Si hubieran podido tapar la muerte de mi hija lo hubieran hecho”, dice la madre.

No es de extrañar que María José y José Manuel estén indignados con el centro: “La sensación que nos queda es que quieren ocultar algo y quieren proteger como sea su reputación… manchando la de mi hija, y no vamos a consentir que digan que mi hija tenía un problema fuera del colegio o de salud mental porque es radicalmente falso”. Lo cierto es que desde que sucedió el caso de Kira se han destapado otros ocho casos de acoso en el colegio, tres de ellos con un perfil similar al de Kira, que investiga la Consejería de Educación de la Generalitat, y un posible caso de pederastia.

Los padres de Kira están convencidos de que su hija llevaba mucho tiempo sufriendo bullying en silencio, que en el colegio le hacían sentir que no valía nada, que era poca cosa y que se merecía lo que le pasaba. “Ella se fue acostumbrando a todo lo que le sucedía, lo veía ya como algo normal. El bullying produce ese efecto”, dice su madre. “Pobrecilla… debía llevar tanta carga a sus espaldas… Ahora cuando miramos atrás nos preguntamos una y otra vez cómo es que nunca nos dimos cuenta de nada”.

“¿Pero tú la has visto? -repite el padre-. Era preciosa, lista, sacaba sobresalientes y era muy buena persona… Su madre y yo creemos que no nos contaba nada para no hacernos sufrir”.

Muchísimo antes del fatal desenlace, el 3 de junio 2019, María José, la madre de Kira, escribió al colegio advirtiendo lo que estaba sucediendo: “No entiendo porqué mi hija tuvo que esperar más de un año a que la escuela hablara con un grupo de niños y sus padres cuando había salido con moratones en el cuerpo de los golpes que le daban; cuando le decían que la semana siguiente moriría porque la tirarían por las escaleras; cuando le habían cortado la coleta completa en clase y le habían roto la mochila; cuando la insultaban y se reían de ella todos los días por ser tímida o cuando le costaba pronunciar porque iba a la logopeda… o cuando la profesora le hacía muecas y le decía que era un ‘disco rayado’ delante de sus compañeros cuando iba llorando a decirle que la estaban molestando o cuando le rompían los trabajos que le colgaban en clase simplemente porque eran los de ella…”

Cuando se les pregunta a sus padres por qué no la sacaron del Manyanet, María José afirma que realmente no sabían todo lo que ahora saben. “De haberlo sabido la hubiéramos sacado de allí sin dudarlo, aunque ella no hubiera querido, porque tenía allí a sus amigos y en el fondo pensaba que lo que le estaba sucediendo debía ser más o menos normal. Ya debía estar acostumbrada. Hasta que no pudo más”.

Y un detalle para reflexionar: dos días después de la muerte de Kira estaba programada en su clase una excursión y la dirección sometió a votación entre los alumnos si la mantenían o la suspendían. Ganó la excursión. “No les importó en vida y tampoco cuando ya estaba muerta. Algo así no se somete a votación...”, recuerda con tristeza José Manuel.

Cuando escribo estas líneas, 139.000 personas han firmado ya pidiendo una ley contra el acoso escolar. Si leer esto le ha gustado tan poco como a mi escribirlo, firme usted aquí. Yo ya lo he hecho. #StopBullyingForKira.