Elecciones y coaliciones

Elecciones y coaliciones

EFEEl presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, muestra el Plan de Calidad Institucional.

En la política, como en la vida, hay que mantener un equilibrio entre las ilusiones y la realidad. La política, se dice, es el arte de lo posible. En las democracias liberales, si el político quiere cambiar la realidad e implantar sus convicciones, debe trabajar sobre la realidad y reconocer que los cambios en las sociedades avanzadas y plurales no pueden ser traumáticos ni acelerados.

Al mismo tiempo la velocidad de los cambios sociales que se suceden en este siglo XXI será sin duda mucho mas alta que en el pasado. Acelerador al que contribuyen significativamente la tecnología y la información que impulsa, reforma, anula y sustituye, modas, tendencias, ideas y comportamientos que caducan en muy poco tiempo.

En este contexto, todos aspiramos a la felicidad en un marco de seguridad y permanencia de la sociedad del bienestar. Ya lo decía la Constitución de 1812 en su artículo 13: "El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen".

En la consecución de este fin, las democracias de mayor calidad generan en la alternancia política un acervo común y permanente en la política de un país, del que forman parte un conjunto de principios que, como normas superiores no escritas, garantizan la solidez y la permanencia de la estructura democrática. Por su fortaleza fracasaron la reciente ocupación del Congreso en EE. UU tras la salida de Trump o en España el 23-F en 1981, repudiados por la gran mayoría de los ciudadanos.

En España la desconexión del gobierno de Sánchez del pacto de 1978, que ha provocado una mutación constitucional en expresión del catedrático Muñoz Machado, hace que cualquier modificación de una norma constitucional de rango primario u orgánica sea un imposible.

El catedrático Jorge de Esteban, con motivo de cumplirse 30 años de la Constitución, tras destacar que ha regido el mayor periodo de prosperidad – y transformación añado- de nuestra historia, decía que si tuviese que señalar los peores defectos de la Constitución señalaría dos: que es una Constitución inacabada y que es una Constitución irreformable.

La deriva del PSOE, su apartamiento del núcleo constitucional, que comenzó con Zapatero y se acentúa con Sánchez, ha provocado que la opción de algún tipo de consenso, aun en cuestiones de competencia de ley orgánica, sea un imposible metafísico que daña a la propia resistencia de la ley fundamental.

Hoy intentar un pacto que proyecte a la lista mas votada en las elecciones municipales y autonómicas no tiene ninguna posibilidad, mientras el PSOE de Ferraz, hoy de Sánchez, no retorne al PSOE de 1977 y 1978.

La modificación de la Ley de Régimen Electoral General de 1985 a esta fecha no tiene ninguna opción con elecciones a cuatro meses vista. Si realmente se quisiera abordar algún cambio en la ley electoral, lo mas aconsejable sería empezar por lo más sencillo y coherente con la organización territorial y sustituir la circunscripción provincial por la autonómica. Con esta reforma se evitarían las discordancias que se producen en el coste en votos en los diputados que afecta directamente a la representación democrática por aplicación de la ley D,Hont.

Por tanto, seguiremos con coaliciones y pactos de investidura para gobernar. Es una realidad que no se debe ignorar.

Las coaliciones requieren un aprendizaje político y hay que tratarlas con normalidad y reconocer que no implican desnaturalizar las identidades respectivas de cada formación política. No hay en los actores un proceso de dilución ideológico ni programático en una coalición o pacto de investidura. Ni tampoco un efecto de contaminación entre los partidos, por mas que interesadamente se sostenga. La geometría no es una ciencia aplicable a la política de manera inflexible y lo relevante para los ciudadanos es la real politik: los resultados.

La foto del 30 de octubre de 1977 de los firmantes de los pactos de La Moncloa, sentados Suárez, González, Fraga, Carrillo Roca, Tierno, el PNV y socialista catalanes es la respuesta a la capacidad de reformas desde la política en tiempos difíciles.

Si ahora es un imposible, la explicación está no el procedimiento sino en el factor humano, en los protagonistas, lo que corresponde resolver a los ciudadanos en las elecciones.

Sobre el autor de esta publicación

Ignacio del Río

Nacido en Madrid, el 4 de marzo de 1956.

Abogado y Registrador de la Propiedad. Ha sido asesor jurídico de los Grupos Parlamentarios del Congreso y del Senado del Partido Popular en los años 1986 a 1992.

Diputado de la Asamblea de Madrid ,1991-1995 y Portavoz de Política Territorial, Urbanismo y Transportes.

Secretario General del Partido Popular de Madrid para el mandato del Congreso periodo 1993-1995.
Teniente Alcalde de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid 1995-2003. Durante su mandato se aprobó el PGOU de Madrid de 1997 y se formalizó la candidatura olímpica Madrid 2012, de la que fue Consejero Delegado hasta el año 2003.

Ha colaborado en diversos medios como ABC, El Independiente, La Estrella Digital, El Mundo y Expansión y en programas de radio. Actualmente participa en La Ventana de Madrid de la Cadena SER.