El tripartito de Pedro Sánchez

Yolanda Díaz y Pablo Iglesias en unos de sus primeros actos.

EFEYolanda Díaz y Pablo Iglesias en unos de sus primeros actos.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez ya no es una coalición de dos sino un tripartito mal avenido. No es una exageración decir que el Gobierno de España lo conforman en la actualidad PSOE, Sumar y Podemos, por este orden. Si cuando el presidente y Pablo Iglesias firmaron el 30 de diciembre de 2019 el acuerdo para que España tuviera el primer Gobierno de coalición de nuestra historia reciente éste iba a estar formado únicamente por el PSOE y Podemos, ahora, casi tres años después, la realidad nos muestra un Gobierno con tres sensibilidades completamente antagónicas, especialmente dos de ellas.

El sector socialista se mantiene en su sitio, pero Podemos se ha desgajado en dos: Ione Belarra e Irene Montero siguen de morado, pero la vicepresidenta Yolanda Díaz se ha separado ostensiblemente de la antigua coalición y con ella se han ido también, al menos de forma simbólica, los ministros de Universidades y Consumo, Joan Subirats y Alberto Garzón. Ambos están muy ligados a la responsable de Trabajo y al nuevo proyecto con el que la gallega estudia presentarse a las próximas elecciones generales de diciembre del año que viene.

La quiebra de la antigua Podemos dentro del Gobierno es total. El destrozo no tiene arreglo. Lo que fue ya no es. Los puentes entre ambas orillas están dinamitados. La paz es imposible y todo es, aún, susceptible de empeorar. Díaz no tiene relación alguna con Belarra y Montero ni éstas le dirigen la palabra a la vicepresidenta. En los corrillos posteriores a los consejos de ministros no hay el menor acercamiento. El “ambientazo” es palpable y la responsable de Trabajo prefiere dialogar con Calviño y Montero, la otra Montero, antes que comunicarse con las ministras de Derechos Sociales e Igualdad. No tienen nada que decirse y no hay nada que hacer.

El sueño de Pablo Iglesias ha tornado en pesadilla y por ello no duda en llegar incluso al insulto –“miserable”, “cobarde” y estúpida” fueron algunos epítetos que le dedicó el pasado viernes– a la hora de calificar “la traición”, así lo ve él, de su antigua compañera y amiga. En el Ejecutivo ya parece tener más peso Sumar que Podemos por mucho que el acuerdo de gobierno se firmara con la coalición morada. Y esta presunta falta de respeto hacia su formación y hacia su persona, de la que tanto se suele quejar el exvicepresidente, puede ser la gota que colme el vaso de su rabia. Él ha dejado de ser él y esto no es fácil de asimilar.

Pablo Iglesias se debate ahora entre intentar romper ya el Gobierno, sin estar seguro de conseguirlo, o seguir hasta que la llamada a las urnas esté a la vuelta de la esquina y sea imprescindible, por una simple cuestión de higiene y supervivencia, desligarse del PSOE y pasarse a la oposición, aunque sea por unas semanas. Intentar romper ya supondría, seguro, que Belarra y Montero deberían abandonar sus ministerios, con lo que ello conlleva, sin tener claro que Díaz, Subirats y Garzón hicieran lo propio.

La ecuación perfecta para Iglesias sería una ruptura total del Gobierno que provocara elecciones anticipadas a corto plazo y en las que Díaz no tuviera su plataforma preparada y no pudiera presentarse y bla, bla, bla… Pero tal posibilidad está más cerca del sueño que de la realidad. Y en medio de estos sueños de los que se alimenta para seguir creyendo que es lo que ya no es, y de los que tarde o temprano deberá despertar, Iglesias se debate entre volver a la primera línea política como candidato de Podemos en las próximas generales o en poner en marcha un canal de televisión por internet, Canal Red leo en El Plural que se va a llamar, patrocinado por Jaume Roures, que en la actualidad ya tiene en nómina al exvicepresidente. Ahora vamos a enterarnos los periodistas lo que es hacer información de verdad.

Iván Redondo, el buen amigo del ex líder de Podemos, le echaba una mano este lunes en su encíclica de La Vanguardia. Volvía a repetir el estratega que Yolanda, a la que ha intentado acercarse sin conseguirlo, tiene que ir de la mano de la formación morada si la izquierda de la izquierda quiere seguir teniendo peso en este país. Que Yolanda sola no vale, no tiene nada que hacer y que “si no apuesta por el motor de Podemos su coche no saldrá del box… No hay otra vía… Los que susurran lo contrario y no saben cómo hacerlo deberían apartarse”.

Aunque la mejor frase de Redondo se la guarda para el último párrafo y va más allá de Podemos, de Díaz y de Iglesias, para enfocar directamente al presidente del Gobierno. “El ‘solo sí es sí’ no es solo una ley colegiada”, se arranca el exjefe de gabinete de Sánchez, “el ‘sí es sí’ es el espíritu de la coalición. El mensaje con el que comenzó todo. Desde las primarias a la moción, y si de verdad se quiere, la reelección”.

Pero la realidad terrenal nos viene a decir que si este jueves se aprueban los Presupuestos, como así parece que ocurrirá, no va a haber nada ya que inquiete ni preocupe al presidente del Gobierno. Ni las amenazas de Iglesias ni esa farfolla -ya saben, mucha apariencia y escasa entidad- escrita a medias por el hombre que fue vapuleado por Ayuso y por el que fue expulsado de la Moncloa cuando se creía el ama de llaves, van a quitarle el sueño ni la preparación de su semestre al frente de la UE a Pedro Sánchez.

Con los Presupuestos en el bolsillo, su tarea en esta legislatura habrá concluido y ya solo le restará empezar a preparar las elecciones del año que viene -mayo y diciembre- desde su despacho de la Moncloa y con la faltriquera repleta del dinero de los Presupuestos y de las ayudas de Europa que están al caer.