El gobierno del Titanic

Nadia Calviño durante una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros

EFENadia Calviño durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros

Los dos primeros Gobiernos de Sánchez fueron bautizados como el gobierno bonito, integrado por independientes sin experiencia política que arropaban a Pablo Iglesias y sus conmilitones dispuestos a tocar el cielo. Junto a ellos el aparato del PSOE representado por Ábalos aseguraba el control de Ferraz y tecnócratas como Calviño, Planas y Escrivá se incorporaban para dar rigor y tranquilidad a Europa y a los inversores. Para Margarita Robles, un Ministerio de Defensa sin estridencias.

Pronto saltaron los ministros que parapetaban sus ingresos y su patrimonio mediante sociedades mercantiles, como el efímero ministro de Cultura Maxim Huerta, el de ciencia Pedro Duque, la de educación Isabel Celaá o el de Universidades Manuel Castell. Otras dos ministras de una cartera tan significativa como Sanidad demostraron que no había mas que decorado de cartón piedra. Carmem Montón duró dos meses por un fraude en un máster virtual y su sucesora María Luisa Carcedo menos de dos años, tras abandonar un debate con profesionales médicos y descubrirse el cobro de dietas como diputada en el Congreso cuando tenía una vivienda en Madrid.

Con 39 ministros nombrados por Pedro Sánchez desde 2018, de los cuales ya hay 18 exministros, bate también el récord en el número de miembros en los Gobierno de España desde 1978, alcanzando la cifra de 24 ministros en su gabinete. Mucho gabinete para tan pocas nueces.

Toda esta construcción artificial a modo de decorado de la que se rodea Pedro Sánchez, sostenida por un tiempo por el cuasi ministro Iván Redondo hasta su cese, sufre un proceso patológico de agotamiento de materiales.

La cúpula presenta grietas profundas y amenaza el desmoronamiento de un Gobierno empeñando en vivir en un metaverso que camufla la realidad del país y el mundo que viene. El drama de España es que los ladrillos van a caer directamente sobre la cabeza de los ciudadanos con un escenario internacional de inflación, crisis energética y alimentaria que va a suceder a los tiempos de la pandemia sanitaria.

El cuadro económico que presentaba la ministra Calviño ha sido desautorizado una vez mas. Después del Banco de España, ahora el Fondo Monetario Internacional sitúa en el 4 por ciento el crecimiento en 2022 y en el 2 por ciento en 2023 descontando un 0,8 y. un 0,3 las estimaciones. El optimismo de las previsiones económicas de la ministra que esta mimetizada en el populismo de la Moncloa, es un castillo de naipes que se derrumba cada trimestre.

Coincidiendo con esta ducha fría a la economía, el Gobierno ha aprobado una cifra de techo de gasto público récord en los presupuestos de 2023 que crece un 1,5 por ciento. La apuesta continua en un modelo expansivo del gasto público sin disciplina fiscal con el que pretende anestesiar el malestar social y la recesión en el horizonte próximo de una economía europea con graves problemas estructurales. Alemania, la primera economía europea, vive inmersa y atrapada en el bloqueo del suministro de gas de ruso sin solución a corto plazo, a menos que se llegue a una tregua en la invasión de Ucrania que restablezca equilibrios en Europa.

La sustitución del gas ruso a corto plazo es un espejismo y Putin maneja la guerra económica con una frialdad absoluta: Europa, dice, está empeñada en hacerse daño con las sanciones que aprueba. Sanciones que, por cierto, no han conseguido un objetivo mínimo: cuanto menos detener la destrucción sistemática de Ucrania. Sanciones que se van diluyendo en la burocracia de Bruselas que ya no es capaz de mantener el discurso de orgullo europeo que protagonizó Josep Borrell en los primeros días.

Nos vendieron que Europa iba a cambiar el curso de la guerra con sanciones económicas que administraríamos desde el confort de los salones y restaurantes de Bruselas. Y que la OTAN volvía a ser la OTAN en la cumbre de Madrid, de la que ha quedado la foto de los líderes occidentales disfrutando del turismo y una cena de gala en El Prado.

El diario de la guerra va despareciendo de la portada de los medios de comunicación, y se recuerda que el guion es la guerra de Corea que duró tres años en unos tiempos de tensión geopolítica con China y Rusia y dividió definitivamente el país por el paralelo 38º.

Cada vez mas los años 20 del siglo XXI recuerdan mas a los años 20 del siglo XX. Tensión entre las grandes potencias en un escenario de cambios estructurales económicos y energéticos que tiene a Europa como el laboratorio en el que se prueban las fuerzas de Occidente, Rusia y China.

De momento en nuestro país el Gobierno pone la orquesta.