El cónclave progresista del Constitucional

El cónclave progresista del Constitucional

EFELos cuatro nuevos magistrados del Constitucional toman posesión

Lo del Constitucional va de mal en peor; la naturaleza de la institución, su carácter, se define por competencia e independencia, ambas condiciones necesarias aunque no suficientes. Además, necesita reputación, respetabilidad, credibilidad que se consigue por el ejercicio, por las sentencias más que por declaraciones. Los doce miembros del Constitucional gozan de un mandato largo (nueve años) que apunta a un fin de carrea profesional y por tanto contribuye a un ejercicio independiente.

Todo eso ha quedado oscurecido, opacado por las peripecias para la designación del último tercio que ha abierto en canal el prestigio del Tribunal y de quienes mangonean (los partidos) en su composición. Fuera de plazo se consiguió renovar el último tercio con una designación de la pareja adscrita al gobierno que se aleja de las condiciones necesarias de independencia y competencia. Los dos elegidos van cortos de ambas condiciones, aunque fueron homologados por pragmatismo, para evitar una escalada en la tensión.

Luego vino el discurso del presidente saliente, Pedro González Trevijano, cuyo mandato bien merece un calificativo entre fallido y mediocre, tratando de dignificar el papel del tribunal y la independencia de sus miembros (“ni conservadores ni progresistas”, sostuvo el catedrático) con nulos resultados, mera teoría refutada de inmediato con esa cumbre formal de los siete “progresistas” que se reunieron el martes para apañar (sin éxito) la elección de presidente.

La reunión (publicitada) arruina la tesis de la independencia y avala la de un tribunal de facciones, alineado y ajeno al mandato legal. El desacuerdo entre los siete progresistas una vez que la catedrática Maria Luisa Balaguer mantuvo su candidatura a la presidencia para disgusto del candidato gubernamental Cándido Conde Pumpido que ha hecho todo lo posible para abrochar su carrera profesional con la presidencia del Constitucional.

Salga quien salga elegido el miércoles el nuevo Tribunal Constitucional no se salva del sambenito de las dos familias, la conservadora y la progresista, es decir la socialista y la popular, que fulmina la idea de independencia y de imparcialidad. Pueden remediarlo y recomponer su prestigio si en las sentencias que tienen que adoptar (que no son pocas) rompen ese esquema de parcialidad y previsibilidad. No lo tienen fácil. El cónclave progresista ha sido un error, otra mal paso (al menos podían haber disimulado) para la reputación de los magistrados intérpretes de la Constitución.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.