El curioso impertinente

Pruebas de diagnóstico de coronavirus

EFEPruebas de diagnóstico de coronavirus

Puesto que la transparencia es atributo de toda democracia que se precie, me permito dirigir algunas preguntas a quien corresponda, o sea, a la Administración Pública competente en la materia. Es fácil que haya más ciudadanos a los que les interesen las respuestas.

Empezando por la pandemia del coronavirus, me gustaría saber el número aproximado de ancianos que murieron las primeras semanas en condiciones dantescas, no sólo por falta de asistencia médica sino también en un abandono tan absoluto como la falta de cuidados. Reducir la tragedia a la Comunidad de Madrid denotaría, para más inri, la burda politización de una tragedia que se extendió por todos los rincones de España. Y, puestos a pedir, agradeceríamos alguna información oficial sobre sanciones impuestas, centros implicados y, siendo posible, identidad de las personas físicas responsables si se hubiera podido “levantar el velo” en ciertas fundaciones u otras personas jurídicas.

Bienvenidas serían asimismo las noticias diarias sobre el número de fallecidos a causa de una pandemia que aún sufrimos en España como en otros muchos países. Bien está lo de la incidencia, presión hospitalaria y otros datos por el estilo, pero sin que ese alarde de información accesoria sirva para escamotear lo principal: la cifra de muertos. Yo sé cada veinticuatro horas, por ejemplo en la prensa alemana, las vidas que se cobró la pandemia el día anterior. Aquí predomina la oscuridad.

Recuerdo que hace años era corriente encontrar en un diario local la columna de “Fallecidos ayer”. La echo en falta, sobre todo la entonces obligada referencia a la edad. Aún sin especificarse la causa de la muerte, el lector podría sacar por su cuenta algunas conclusiones. La derrota parcial de la enfermedad no justifica el apagón informativo o la manipulación del noticiario.

Cambiando de tercio, alguna curiosidad despierta igualmente la actual ubicación de la fragata “Blas de Lezo”. A principios de año se nos comunicó su marcha al Mar Negro para cumplir nuestros compromisos con la OTAN, pero luego se hizo el silencio. Mientras tanto, Turquía activó las previsiones de la Convención de Montreux sobre el tránsito de buques de guerra en el Bósforo y en los Dardanelos. Y nuestro último envío de armas a Ucrania se dirigió por vía marítima a un puerto polaco en el Mar Báltico para seguir desde allí, por tierra, hasta su destino final. ¿Regresó la “Blas de Lezo” a España o sigue en aquellas aguas?

Sería ingenuo sugerir siquiera que se nos diga públicamente qué información sensible obtuvo una potencia extranjera no identificada (o sí), gracias al dispositivo Pelayo, espiando desde telefonillos para arriba. Sabemos, sin embargo, que coincidiendo más o menos con esas fechas, nuestra política exterior dio un giro radical a favor de Marruecos, y contra el Frente Polisario y Argelia, en la cuestión del Sahara Occidental. Este último país no nos cortó el suministro del gas, lo que hubiera sido una tragedia, pero se nos dio como segura la subida del precio. Nos gustaría que se nos detallara este extremo. Sería la única forma de saber lo que nos habría costado aquel volantazo político que, pese a su importancia, nunca se debatió previamente en las Cortes Generales u otra tribuna pública.

Y para terminar, una cuestión muy seria y otra tirando a frívola. Vayamos con la primera. ¿Piensa hacerse algo para que el Tribunal Constitucional desarrolle o pueda desarrollar sus competencias en tiempo razonable? ¿Cuántos años lleva en el telar la Ley del Aborto? Diez doce o catorce. Ya no me acuerdo. Se diría que las vidas indudablemente humanas de los fetos han caído en el olvido. ¿Qué sentido tiene ahí lo del juez predeterminado por la ley? Los malos hábitos, las malas costumbres y las malas prácticas acaban haciendo normal lo que no es sino el triunfo de la anormalidad continuada.

La nota frívola nos permitirá terminar con algo más pintoresco que serio. Tampoco deben olvidarse los supuestos pinchazos para obtener una supuesta sumisión química para realizar a su vez, presuntamente, actos sexuales sin el libre consentimiento de la otra parte. Fue una manera de entretener al personal durante el verano, desviar su atención de los muchos y graves problemas del país, y de paso romper alguna lanza que otra a favor de las mujeres agredidas (de hombres se hablaba menos).

Las noticias se fueron desinflando, también en su consideración de agresión sexual. Nunca supimos, o yo no supe, si en alguna ocasión fue identificado o detenido el maleante, pese a que para inyectar cualquier producto se necesite algún tiempo. Parece, además, que la ausencia de todo ánimo lúbrico, como se decía antes, dejaría el pinchazo a las puertas del Código Penal. El recuerdo del pintoresco fenómeno puede iluminar un poco la tristeza del otoño.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.