Cuando los justos pagan por los pecadores

Chaves-y-Grinan

La noticia más llamativa del verano, no la más importante, naturalmente, nada tiene que ver con la guerra de Ucrania y la carestía de la vida. Ni siquiera con los misteriosos pinchazos en discotecas u otros lugares de esparcimiento colectivo. Me refiero a que nuestro presidente del Gobierno despachó las condenas de Chaves y Griñán, expresidentes socialistas de la Junta de Andalucía, con un muy conocido dicho popular: “Han pagado justos por pecadores”. Sin necesidad de esperar a los pronunciamientos del Tribunal Constitucional y, en su caso, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la frase se presta a algunos comentarios.

Resulta que en la investigación de los delitos cometidos en las alturas del Poder o en sus aledaños, la policía primero y los jueces después pueden acertar en la acreditación de los hechos delictivos, pero suelen equivocarse en la identificación de los delincuentes. Los altos dignatarios no sabían nada de lo que, a veces durante años o décadas, venía ocurriendo a su alrededor. Algo casi increíble cuando, una vez dictada sentencia condenatoria contra quienes supuestamente habrían actuado por su cuenta y a espaldas de sus superiores, éstos no los tratan después como merecerían por aquella conducta, sino que los defienden a ultranza. En resumen, los altos jefes estarían pagando injustamente por los pecados de sus subordinados.

Tal vez el precedente más significativo de esta tendencia a refugiarse en el limbo hasta que la tormenta escampe o prescriba, sea el episodio de los GAL. El juez Garzón sostuvo que por encima del Ministro del Interior tenía que haber un señor X, porque las andanzas de aquel grupo terrorista (o antiterrorista) eran de dominio público, pero se abstuvo de proceder en consecuencia. El propio presidente del Gobierno en aquel entonces se disculpó alegando que él se había enterado por la prensa. El ilustre periodista que le entrevistó se abstuvo de preguntarle por lo que hubiera hecho a partir de ese conocimiento.

Después, a nivel inferior, pasando de los delitos de sangre a los chanchullos económicos, ahí están los escándalos de Filesa, la Gürtel, los “eres” y un largo etc. En las alturas nadie sabía nada. Problema resuelto. Desde esa ignorancia mal se podían denunciar ante los tribunales los hechos desconocidos o abrir al menos una investigación interna. Los escándalos saltan generalmente por iniciativas de personas despechadas (antiguos colaboradores y parejas sentimentales). Me pregunto si no serán pecadores también los pretendidamente justos que sabían lo que estaba ocurriendo, pero callaron como muertos porque, en definitiva, se había actuado en aras de una buena causa.

La Ley de Enjuiciamiento Criminal recoge la infracción de no denunciar cuando hay obligación de hacerlo, pero el artículo 408 del Código Penal va más lejos y prevé una pena de inhabilitación especial a “la autoridad o funcionario que, faltando a la obligación de su cargo, dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables”.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.