Arrogancia del gobierno ante al BCE

Pedro Sánchez y António Costa

MoncloaViaje del presidente del Gobierno a la República Portuguesa

Las consideraciones no vinculantes del BCE sobre el “gravamen temporal a los bancos (una prestación patrimonial que no es un impuesto) podían haber merecido una respuesta silenciosa del gobierno, un enterados aunque no concernidos o algo semejante, sin embargo han producido una irritación con descalificaciones y desdenes que solo pueden ser fruto de una arrogancia irresistible. Es sabido que este gobierno, especialmente el presidente, soporta mal las críticas. Tan sobrado de autoestima que desprecia y descalifica a todos los que no les aplauden.

La nota del BCE sobre el gravamen coincide con el juicio emitido por buena parte de los expertos que han analizado la proposición de ley (con siete prolijas páginas de exposición de motivos a las que solo falta alguna referencia a Franco) y dos artículos (uno para energéticas y otro para bancos) que tienen el carácter de legislación a personas jurídicas concretas.

El BCE detecta en el proyecto “deficiencias técnicas que producen inseguridad jurídica”, señala que echa en falta coherencia en los objetivos, carencia de memoria económica explicativa (a pesar de la literatura de la exposición de motivos) y falta de adecuación a la realidad ya que anticipa hechos que no se han producido. Además señala que debilita la competencia del sector y la solvencia de las entidades.

Pero eso es opinable, aunque está justificado y es compartido por los que entienden de esas materias. Además no tiene más pretensiones que la advertencia ya que el parlamento es soberano para legislar a su manera, al margen del riesgo de inconstitucionalidad, que suele preocupar a este gobierno.

El desdén hacia el BCE expresado por el presidente, y los ministros de Hacienda y Seguridad Social resulta sorprendente por innecesario. Desde lego que no tiene consecuencias, los del BCE se fuman un puro con esas críticas aunque les sorprenda quien las emite. No conviene olvidar que esos torpes del BCE son los que han suscrito las emisiones de deuda que hacen posible el gasto público al que tan aficionado es este gobierno. Desde luego que no por las críticas el BCE va a dejar de ayudar al Tesoro, pero morder la mano que te da no es ni elegante ni inteligente. La explicación no puede ser otra que epidemia de arrogancia que anima en los políticos que aspiran a la reelección. Una arrogancia innecesaria.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.