Esto es luque hay

 

Demasiados remiendos en la corrida anunciada de Santiago Domecq. Al final quedaron entorilados cuatro del hierro titular y dos complementos de la Ventana del Puerto, que es la línea domecq “versión B” ” de Lorenzo Fraile, por la vía de Jandilla. Todos cinqueños. O sea, más género “domecq” que se libra por los pelos del infamante pistoletazo en el matadero. ¿Pasa algo? Nada. Que se acabó el papel disponible en taquilla, lo cual quiere decir que en Madrid hay más ganas de ver toros que nunca.

La tarde, espléndida, invitaba a ir a la Plaza. Ambientazo en los exteriores del coso del “foro”, como en los grandes días de feria de San Isidro. ¡Qué bonita está Las Ventas, con el lienzo de las banderas abrazado a los mástiles en la pingorota de su fachada! Ni gota de viento. El Juli, Miguel Ángel Perera y Daniel Luque cruzan el ruedo de arena de miga fina, de planeidad meridiana. Se abre un capítulo más –quizá, el penúltimo— de la temporada taurina en la capital de Reino y el público va tomando posiciones antes de que salga el toro. Unos, vienen a ver torear; otros, a examinar a los toreadores y a justipreciar el material bovino que torean. Comienza el espectáculo.

El espectáculo mantiene el guion previsto, solo que con diálogos más encontrados –contrapuestos-- que nunca. Los de allá, acostumbrados a imponer la ley de voceros habituales, han hallado una réplica en la masa restante que habita en los graderíos, con lo cual, y en gran parte, el desarrollo –incluso el interés-- de la corrida se focaliza incomprensiblemente fuera del ruedo: en los tendidos. Ahora, grita el gritador oficial, el que aprovecha las claritas del ambiente, libre de murmullos, palmas o pitos, pero los demás ya no callan, sino que contestan con parecido énfasis e idéntica munición: la perdigonada del grito. Y no es que uno censure la censura, consustancial con el público de toros, ¡faltaría más!; lo que desaprueba es la insolencia procaz mientras el hombre está frente al toro, o el apunte fatuo del catequista de turno en un  momento crucial de la lidia. Que cada cual ponga nota a la situación a que se ha llegado en la conocida como Primera Plaza del Mundo (taurino, se entiende). Por mi parte, resuelvo que la del guirigay de Las Ventas ronda ya el cero patatero.

Envueltos en el celofán quebradizo de esta tesitura actuaron ayer en Madrid tres toreros frente a seis toros. De los tres, el más fustigado es El Juli, madrileño, por más señas. Si tuviéramos que ceñirnos a la localización de los “no partidarios” habría que convenir que se hallan desperdigados por toda la Plaza, aunque con más intensidad en un determinado tendido. En resumen, a El Juli le zurran la badana de lo lindo en Madrid. No le dejan torear ni a sol ni a sombra; con lo cual el hombre ha de hacer un esfuerzo sobrehumano para sobrellevar este calvario. Le protestan desde que hace el paseíllo. A veces, esa protesta tiene justificación, por ejemplo, cuando exagera la “fuga” para salvar el pitón derecho del toro en la suerte suprema; pero lo demás, parece un mobbing insoportable y permanente. Ayer, Julián echó el resto para sacar pases lucidos ante el marmolillo de Santiago Domecq que rompió Plaza, un toro ausente, negacionista de tomo y lomo que no generaba emoción alguna, y se engalló con el de la Ventana del Puerto que hizo cuarto, toro de bellas hechuras que empujó en varas una vez y salió de naja en el segundo encuentro. Toro de desconcertante embestida ante el que El Juli se engalló en el gallinero que le motejaba desde las alturas. Para colmo, pinchó feamente antes de colocar una estocada caída. Lo que faltaba para el duro. También con Perera se las tiene tiesas este público, solo que Miguel ha alcanzado un muy interesante punto de madurez y torea cada vez más relajado de capa, interpreta suertes novedosas y maneja la espada con extraordinaria precisión y contundencia. El de la Ventana del Puerto que hizo segundo se comportó bravamente en varas, pero se fue apagando durante la faena de muleta. Miguel Ángel lo toreó “a su aire”, esto es, acomodándose a la perezosa lentitud de la embestida. Lo mató de estocada algo caída y le ovacionaron, y también le aplaudieron al finalizar con una estocada trasera su impertérrita labor con el de Santiago Domecq, de escaso fuelle y menos clase, que se lidió en quinto lugar, especialmente durante la primera fase de la faena. Para remate Daniel Luque se empleó a fondo en el tercero, de la ganadería titular del cartel, protagonizando los mejores momentos de la decepcionante corrida. Cortito de chichas y protestado por ello, el toro salmantino llegó al tercio final revolviéndose sobre las manos en el último tranco, buscando perneras y tobillos, dando la impresión de que ofrecía el carácter de un “victorino” listo en un cuerpo de Domecq. Toro para apostar, con mínimas garantías de obtener rentabilidad; pero Luque sacó raza de torero en plena sazón y se mostró sereno y jarifo, con arrestos para solventar tan agobiantes arreones, lo cual provocó que el público se pusiera de acuerdo por primera y única vez en la tarde. Para entendernos: el torero se la jugó sin ambages. Y estas cosas, llegan al tendido, ¡no han de llegar!; por eso, cuando se volcó sobre el morrillo y liquidó a la “prenda” salmantina de una soberbia estocada, paseó la oreja del toro, pedida con general clamoreo de pañuelos. En el sexto, también de Santiago Domecq, caligrafió unos lances armoniosos y un quite pinturero. Los banderilleros Juan Contreras y Alberto Zayas protagonizaron un vibrante tercio de banderillas  y el matador se encontró con un toro que cambió bruscamente de carácter, por lo cual prolongó la faena exageradamente, en busca del resquicio que le condujera a redondear el triunfo. No se dio tal cosa. Le enviaron un aviso y el toro murió de una buena estocada y descabello. Los toreros como Daniel Luque, que están “enrachados”, parecen resolver con facilidad los momentos cruciales de la lidia.

Hay Luque para rato, aunque los comportamientos de los toros más o menos bravos, a veces, sean inescrutables, como los designios del Señor... y del público de Madrid. Como diría un castizo: esto es luque hay.