Los "momentos" de Las Ventas (crónica de una no corrida)

“Unos momentos”, esas fueron las palabras empleadas por el locutor de Plaza 1 para comunicar el retraso en el comienzo de la corrida. Había que acondicionar el ruedo, encharcado y resbaladizo, después del tormentón que se derramó sobre Madrid a poco más de media mañana. Esos “momentos” pesaban como una losa sobre los miles de espectadores que ocupaban los tendidos de Las Ventas, tratando de cubrir la mitad del aforo –12.000, más o menos--, que era la cabida máxima permitida por la autoridad competente. No se habían rebasado diez minutos sobre las seis de la tarde –hora oficial de comienzo del festejo--, cuando empezaron a sonar las primeras palmas de tango, que en esta Plaza es el sonido que denuncia el tongo.

Lo cierto es que, a esas horas, una parte del ruedo de la plaza –el tercio del tendido 2—era un verdadero barrizal, un piso impracticable para torear. Pues, nada. Pitos, denuestos, incordios. ¿Qué quedrán?, decían algunos. Qué han de querer, susurraban otros, que la empresa debería tener prevista esta contingencia, a la vista de los partes meteorológicos y haber aumentado el operativo anti-agua y, en consecuencia, el número de operarios… Y, a todo esto, los toreros, con el escalofrío del miedo en el cuerpo y el aterimiento que provoca el brusco descenso de temperaturas, asomaban la gaita por encima de monteras ajenas y temían el enconamiento de este público, ya enconado de por sí. ¡Cómo está el patio!, debieron pensar.

Lo bueno que tienen estas situaciones imprevistas es que una parte de la munición de protesta que se dispara en esta Plaza se la llevaron los del bulldozer y la carretilla transportadora, a más de los empíricos de pala en ristre. Al fin, a eso de las seis y media, sonaron palmas de los condescendientes y comprensivos. Aquellos “momentos” duraron, minuto más, minuto menos, media hora. ¿Empieza la corrida? Ah, que no, que falta mucho para arreglar el barrizal del 2. ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué bronca! Siguen apareciendo en el ruedo carretadas de arena seca y limpia, para tapar el barro, húmedo y hosco.

Ya ven, como entre pitos y flautas, voy llenando el fardel de la crónica de la corrida inaugural de la feria de Otoño de Madrid, la que se ha planificado como referencia, tardía, de la tradicional de San Isidro. Ahora bien, para tardía, la labor del escuadrón de a pie que actúa de paisano en Las Ventas. Al fin, siete menos veinte, aparecen los toreros: Urdiales, Manzanares y Ureña con parte de su personal de cuadrillas, escudriñan el piso de plaza entre un atronador fondo de palmas tango: ¡Fuera!, ¡fuera!, fuera”.  Rastrean la arena húmeda con la suela de las zapatillas, en presencia del presidente y compañeros mártires. Cuchichean entre ellos. Aquí en el palco de Prensa, dice un colega: ¡Oye, esto no se da!... y pienso: Como no se dé, aquí arde Troya. No sería la primera vez (Barcelona, Almagro y algunas más) que una plaza de toros es quemada por una turba descontrolada y cabreada. El pronosticador es Miguel Ángel Yáñez, que me presta --y agradezco-- una fotografía de la situación. De la situación que se envuelve en tribulaciones, quiero decir.

Ciertamente, el piso está impracticable, diría que imposible para torear; aunque no es menos cierto que en condiciones similares –incluso peores—hemos visto ese “¡p’alante!” tan castizo y marchoso como temerario e inútil, cuando no aliado indeseable de situaciones dramáticas –recuerdo una de Juan Mora, en Jaén que, en circunstancias similares, por poco le cuesta la vida--. Se van para adentro los toreros; pero cuando estamos a la espera del paseíllo y de que salga el toro, lo que sale, otra vez, es el bulldozer con más arena. Me canso de escribir. Esto se está conviertiendo en la crónica de una no corrida. O sale el toro, o cierro el kiosco.

Y, al fin, tras ¡una hora! de interminables labores de acondicionamiento, se anuncia que el festejo se aplaza para el próximo día 8 de octubre. ¿Se imaginan la que se armó en la Plaza?

Al menos, se sacó algo en limpio: ya se sabe lo que duran “unos momentos” en Las Ventas: una hora justa. Cientos de almohadillas se tiraron a voleo sobre el barrizal, como los sembradores de antaño tiraban la semilla sobre los surcos recién arados. Igual estos cojines echan raíces . Ya les contaré.